domingo, 6 de abril de 2008

Mexicanos de bigotito

1. Martín sube al micro. Tras él, una pareja. Ella debe ser bailarina, es esbelta y tiene esos movimientos elegantes que dan tantas horas de perfeccionar poses y giros. Él es menos definible, pero los libros bajo el brazo y la bufandita putarrona ochentera-noventera lo hacen parecer actor-escritor-poeta-perfomancero (lo más jodido: promotor cultural). Los dos traen la discusión desde antes, por eso es imposible precisar nada. Pero discuten con vehemencia. La vida se les va en eso. Se alcanza a entender que el pleito tiene que ver con minucias: diferentes puntos de vista en una nota del periódico, la tapa del retrete abajo o arriba si es que viven juntos, las distintas formas en que conciben un detalle de algo que crean al alimón. El caso es que gritan, afirman y niegan categóricamente, juran excesos hasta el fin de los tiempos, se retan a desollarse en vivo. Él decide:
-Voy a bajarme ahora y si tú no lo haces, esto se jode para siempre.
-Pues que se joda. Ya me estaba urgiendo que terminara.
-Mira que te estoy hablando en serio.
-Mira que yo también.
El microbús llega a un alto, él no duda y baja. Ella lo mira iracunda. Cambia la luz a verde, el microbús avanza. Él empieza a correr al lado.
-Baja que te amo... baja de una jodida vez.
En la carrera suelta libros, morralito, bufanda putarrona. Ella debe sentirse en escena de tren decimonónico alejándose de la terminal. El exceso pasional la lleva a gritarle al conductor.
-Pare, pare con una chingada, le digo que se pare ya.
El conductor grita insultos, todo mundo grita insultos, pero el microbús se para, ella baja, Martín observa que la pareja se abraza y se besa entre el río de autos que les tocan el claxon y les mientan la madre.
Martín sabe que fue excesivo. Ridículo. Fuera de lugar. Pero ama y envidia ser esa pareja. Ama y envidia la pasión a flor de piel, el ejercicio del exceso a costa de todos, la ebullición de ambos rebullendo entre tráfico e insultos.
Está en esos pensamientos cuando voltea al lado contrario. Dos hombres de bigotito (¿contadores?, ¿burócratas?, ¿vendedores de seguros?) dan dictamen oficial:
-Pinches güeyes.
-Mamones.
El silencio del dictamen se equilibra con la cumbia lejana que sale de las bocinas delanteras del microbús.
"Y ese es el síndrome del mexicano de bigotito", me cuenta Martín diez años y varias chelas después.

2. Mi anécdota es menos desaforada, de similar resolución: adolescente, efervescente, descubro a Santa Sabina y a Rita Guerrero chambeando de diva underground. Viene el primer disco, viene oírlo hasta el cansancio, viene encontrarle montones de mensajes secretos que anuncian una realidad transfigurada por Sartre y el gótico jazzeado; en la rola de "A la orilla del sol" neta que se siente cómo va amaneciendo el mundo y con él cierto grado de conciencia. En medio de ese resplandor viajo a ver a la familia a Veracruz. Llevo el cd de la Santa para que mis primos se den un quemón. Solemnísima audición del disco con primos y amigos de primos. La audición apenas soporta una canción. Como defendiendo el hallazgo, todavía los obligo a escuchar mi rola favorita y a que imaginen cómo sería este sol saliendo de los mares del Golfo de México. Terminada la canción, silencio. El auditorio revisa la caja del cd.






El comentario es:
-Esta vieja debe ser bien puta.
-Sí, trae ligueros de puta.
-Y mira cómo la miran. ¿Todos le darán pa' sus tunas?
-Pus sí, sino, ¿pa' qué la tienen ahí?
Adolescente efervescente, quisiera explicarles que la posible putería de Rita es intrascendente, que las letras, la música, la propuesta, un sonido nunca antes escuchado en México, pero a ellos les basta y sobra con dictaminar sobre los afanes sexuales de Rita. Siendo honestos, cuando después voy a los conciertos, el principal grito de batalla es "Rita, quiero hacerte un hijo", y la posibles especulación de la música de la banda pasa a segundo término. Recuerdo que la misma Rita y la banda solían quejarse en entrevistas de que mucha gente se quedaba con lo epidérmico (la epidermis de Rita, léase en subtexto) y no le entraban a la sustancia de la propuesta. Demorarme en discurrir sobre lo pertinente de hablar (o no) sobre las piernas de Rita ya es otra historia, aquí lo importante eran los mexicanos de bigotito diciendo, aún varios minutos después de haber fracasado el disco:
-Pero ha de ser difícil ligarte a una vieja de esas.
-Ey. Debe estar bien cabrón.

3. Y sin embargo, en las sentencias perezosas del mexicano de bigotito no deja de haber sabiduría. Nada lo sorprende, nada lo arrebata, un escepticismo anterior a toda novedad lo mantiene impertérrito, inmune al destanteo, con un tajante y claro conocimiento del final de cualquier historia. No se discurre sobre el sexenio variopinto de Salinas de Gortarí: "es un ladrón". No se matizan las estrategias políticas de López Obrador: "se volvió loco". No se reflexiona sobre los posibles beneficios de la modernización de Pemex: "van a sacar un billetote". No se revisan las luces y sombras de la dirección técnica de Hugo: "pinche pendejo". Si, por ejemplo, los argentinos gustan de batir y rebatir, sacarle la raíz cuadrada al sinsentido y reformular la teoría ya reformulada con insospechados argumentos que relativizan cualquier acepción hasta hacer pertinente sus fórmulas verbales cotidianas -que sé yo; y bueno, y eso; - el mexicano de bigotito tiene todo claro, siglos de fatalismo le han otorgado en argumentos crípticos la Verdad Verdadera, incluso hasta el nivel de la inflexibilidad. Lo negro es negro, lo blanco es blanco, Tin Tán es chido y Chespirito es culero, y si me han de matar mañana, que me maten de una vez.

4. Amargado porque se le frustró la gran historia de la pareja apasionada, Martín opina que debe superarse al mexicano de bigotito. Intrigado por la sapiencia sentenciosa de un par de frases breves, yo le rebato que también tiene un encanto rulfiano a valorar. El alcohol ya es demasiado como para intentar decir algo inteligente. Y pos ya, la última y nos vamos, ¿qué no?

4 comentarios:

Rose dijo...

Chale... A mí la verdad que me dan más pena, los que no tienen "bigotito " y son así mero como lo dices...

De la "Santa Mitía" como le dicen en mi casa, tengo los mejores recuerdos, ja! Mi cantanta favorita después de Diamanda Galás, e incluso un palomazo en "el ángel" en protesta por Acteal...

Y al final, la mera-mera verda' creo que a todo en la ciudad le hace falta lo que decía Atila Josef: "Esta forma de vida necesita sexo"

Cynthia Ramírez dijo...

Cada tanto "los mejicanos de bigotito" tratarán de camuflajearse mostrando una lampiña tez sobre el labio superior. En esos casos, no olviden reconocerlos por el famoso y delatador mocasín sin calcetín.

Jolie: Desde la Barandilla dijo...

conforme fui leyendo no pude evitar pensar en Pedro Infante y su bigotito eterno, y si nos ponemos a analizar sobre la cultura popular delmexicanito hay una canción referido a eso (bigotito) que al escucharla pareciera que se refiere a otra cosa... es inevitable tener esa mentecita de mexicanito (picara, la pasión casi sacada de peliculas del cine de oro.

sinceramente me gusta el bigotito y la barba completa pero no de los contadores o de los burocratas, escojo un politólogo.
(si ya se comentario frivolo)

salu

Defeña salerosa dijo...

"siglos de fatalismo le han otorgado en argumentos crípticos la Verdad Verdadera"

Habría que grabar esas palabras en una placa de metal, son la puriritititita realidad.

Yo vivo cerca, trabajo, convivo, con algunos enfermos de este síndrome (que ha comenzado a infectar también muchas mujeres...ah! pero q según un güey italiano la mujeres mexicanas tenemos también bigote, tonces sí aplica jajaja)