miércoles 16 de diciembre de 2009

Mejor no abran la cuenta de Yahoo!

Ocurre que termino el texto muy tarde; lo mando, no quedo del todo a gusto, me acuerdo de algo parecido que escribí hace siglos, lástima no tenerlo a la mano, pero entonces caigo en la cuenta de que posiblemente esté en algún viejo correo. Gmail malacostumbró, una cuenta sin fondo y quedaron en el olvido -apenas para el spam- las cuentas de hotmail o yahoo. Y aquel texto estaba en uno de los correos de Yahoo. ¿Alguien recuerda aquella Ye púrpura tipo cartoon que en su tiempo le competía fuerte al venerable y persistente hotmail? Lo que yo quisiera recordar son las contraseñas; con el tiempo la memoria se ha vuelto comodina y con la misma palabra secreta (jua, La Palabra Secreta) accedo a las cuentas de ahora. Pero, ¿cómo rayos eran las palabras de aquellos tiempos? Y esos correos, ¿todavía servirán?
Tampoco es que sea tan original. Las contraseñas son los nombres, ligeramente trastocados, de las muchachas que me enamoraban en esos momentos. Y recordarlas en contraseñas también es recordar -juro que muy, muy brevemente- a qué olían y cómo se sentían las temperaturas de sus cuerpos. No más poesía. Bingo, el correo se abre. Y Bingo, los buzones de entrada están atestados de basura varia, que fueron inscripciones de boletines, grupos, foros, servicios de celestinaje y contactos sexosos que en aquellos tiempos tuvieron razón de ser. En algún post diurno, en el que me salgan esos aires de sociólogo de banqueta, podría atreverme a especulaciones ociosas sobre los usos y costumbres del internet hace diez años, contra los de hoy. Ahora, la madrugada es demasiado densa como para fingirme inteligente, apenas logro concentrarme en contemplar esas cuentas que suscribí y después no quise o supe o pude mantener.
Cinco o seis grupos de literatura, el boletín del Cervantes Virtual, otro de cine latinoamericano, el portal donde nunca aceptaron mis cuentos, la terca suscripción a las novedades de todotango.com, ¿una página religiosa?, y novedades musicales que nunca revisé . Más de diez mil correos que conforman al que nunca fui. Porque tampoco intenté ganar el millón de dólares, ni agrandar mi pene de forma fácil y segura, ni conocer impresionantes rusas con ganas de emigrar a mi colchón. Y entre tanto spam y suscripciones inservibles se cuelan dos o tres correos de personas que sí escribieron con un propósito neto, que por cualquier motivo no trascendieron a las cuentas de ahora y que dejaron saludos, invitaciones, chistes, comentarios, desperdigados entre ofertas de trabajos increíbles y catálogos de ligues en mejoramor.com.
Inevitable angustiarse: ¿y si haber contestado alguno de esos correos hubiera significado alguna vida diferente a la de hoy? Inevitable amargarse: porque la triste vida de hoy... pero eso tampoco es del todo cierto, (aquí viene la resignación optimista), bien que mal nunca han faltado las películas, los libros, las calles que se caminan tercamente, las cervezas en grupo y en solitario, los dos o cinco o diez amigos con quienes se vocifera la sandez de moda. Además, en ese millón de vidas posibles, siempre termino llegando a esta noche, revisando correos e imaginando las otras elecciones, incluida la que elegí. Cuánta arrogancia, pensar que todo se ha elegido. Aunque también, cuánta evasión, suponer que todo ha sido producto del azar. Entre uno y otro debe ubicarse esa zona oscura que llega hasta esta madrugada y esta revisión ociosa de los correos que no fui.
El merodeo en retrospectiva termina con los correos más antiguos, los que hacían de esa cuenta un cuaderno reluciente, de primer día en la escuela, cuando se creía que uno aprendería cosas útiles, cuando se mandaba un mensaje al amiguito que te felicitaba por haber empezado tu vida en los internes. Después, la pornografía online lo arruinó todo. Aquí era donde debía entraba aquello de Paz (La memoria es teatro del espíritu / pero afuera ya hay sol: resurrecciones, / En mí me planto, habito mi presente), pero a quién rayos se le antoja abrigarse con consignas a las cinco de la madrugada ---que aparte, y sícierto, las consignas se gastan si se usan sin convicción. Mejor idea, cerrar esas cuentas con el mismo temor primigenio que se tapia a los muertos. Acepto que antes me reenvío a la cuenta actual dos que tres cosas que me frustraría perder. Y tuiteo, como para dejármelo claro (¿el tuiter también es confesionario?): Conservar pocas cosas del pasado. Pero conservarlas bien.

miércoles 9 de diciembre de 2009

The Friends Bang Theory



PRIMERA PARTE
Sí, pues, las series de TV son aspiracionales (wanabes, traducen quienes no le hacen al argot mercadishing), pero más complejo: no venden burdamente autos, tallas cero y detergentes, más bien sugieren espacios ideales (yo también quiero que mi depto sea como un plató), tiempos de feliz ocio y acostones de carcajada, clases de educación sentimental cada semana, borradores de proyectos de vida --lo que los retóricos llaman locus amoenus-- en los que de acuerdo, de carambola se venden mejor los autos, las tallas cero y los detergentes. Menos perverso y más persuasivo, no queremos tirarnos a Rachel Aniston Green (bueno, sí); queremos compartir su departamento y que entre gag y gag aparezca una buena friend suya que tenga ganas de participar en nuestra historia.
Describir la identificación de la banda con Friends es ocioso por lo obvio: los seis amigos maso atractivos, harto divertidos, desenfadados hasta donde sus traumas lo permiten, con novias y novios tan guapos como lo necesitan los patrocinadores del programa. Sus aventuras son estúpidas y sensuales (sigue ruleando el dicho de Lilians) y aun en sus peores experiencias consiguen la frase absurda que rompe en carcajada. Vivir como Friends era vivir en el limbo de las medias horas de risas, en la promesa de que la peor historia tenía un epílogo por lo menos surrealista, en la esperanza de que la llegada de un nuevo capítulo reforzaba el impulso vital en forma de humorada. Vivir a la Friends era vivir en un código relajado y distinguido: un café cercano a El Colegio de México se llama Central Perk e imita las tazas y los sillones de la serie. Cuando una amiga se mudó, antes de mostrarme su depto me llevó al bar que estaba a la vuelta: "Aquí podremos juntarnos todos y ser felices como los Friends". La historia real fue menos festiva, pero este post trata de risas grabadas.



Dos
Es fácil identificarse con Friends, la duda: ¿por qué ahora nos identificamos con los personajes, más alejados de nosotros, de The Big Bang Theory? Porque Rachel de mesera, Joey de aspirante a actor, Chandler con su empleo kafkiano que nunca sabía para qué servía, podían semejarse a los espectadores "comunes". ¿Pasaría lo mismo con unos brillantes físicos, con posgrados, lecturas especializadas y vidas -al menos en teoría- increíblemente aburridas?
Quien no conozca la serie, acá va un resumen: son las aventuras de cuatro amigos científicos (el físico teórico Sheldon, el astrofísico Rad, el ingeniero espacial Howard y el físico experimental Leonard), de costumbres nerds o geeks (que no es lo mismo pero es igual, diría el Silvio) y su vecina rubia Penny, aspirante a actriz que mientras tanto chambea de mesera. Y el formato es semejante (más erudito, de ejecución menos precisa) al de Friends: conflictos cotidianos, un romance latente, la exhibición y confrontación de los defectos, con el agregado de chistes científicos y de una cultura pop más bien ñoña (Star Trek, videojuegos, internet, comics). Contado así a muchos no se les antojará; al ver medio capítulo quedarán enganchados y ni recordarán quién diablos era Gunther. La explicación más simple: son muy graciosos el galancete frustrado de Howard, la timidez patológica de Raj, la inseguridad y el menoscabo de Leonard, y la gran creación, por lo brillante e insufrible, de Sheldon. Penny es el pivote necesario y eficiente, con el gran plus de ser rubia y hermosa (menos apantallante que Rachel Green pero a lo mejor por eso más asequible).
Pero esto no bastaría para explicar el éxito de los tbbt's; más sorprendente sería sugerir que estos científicos de mentes privilegiadas y enorme torpeza mundana, son el equivalente a sus espectadores: geeks hiperinformados pero poco diestros en sus interrelaciones sociales, educados para mantenerse en una niñez perenne, rutinarios y conservadores casi sin darse cuenta, de sexualidad hermética (uso el eufemismo para no especificar: monstruosa), más aptos para encontrar un torrent que el punto G.
Y no es que la generación 00 (¿la Y, le dicen?) esté formada de cerebros extremadamente vigorosos, como los tbbt's, pero la hiperinformación del internet la ha hecho mejor receptora (que no intérprete) de datos a borbotones, en detrimento de su experiencia callejera. La vagancia ahora se hace por internet y se le llama procrastinación. Cierto que estamos lejos del mito noventero del internauta como un ermitaño pestilente y perverso, la maduración de las redes sociales ha revertido el estigma y ahora es de lo más normal -hasta el punto de lo adictivo- transformar amistades virtuales en reales, pero también es cierto que el trato más cotidiano de la tecnología (y quizá, por extensión, la ciencia) recrea perfiles distintos a los del grupo Friends.


III
The Big Bang Theory es el triunfo de los geeks sobre los gandallas; la venganza de los nerds, que sonaba a farsa imposible (de ahí lo graciosa) en la película de Jeff Kanew de 1984, ahora puede proponerse como forma de vida anhelada por los veinteañeros. Si el posmodernismo de los años noventa desdeñaba la ciencia y por eso el paleontólogo Ross es constantemente ridiculizado por sus Friends, el gusto por la tecnología de los 00 hace el efecto contrario, y en TBBT la extraña es la vecina Penny, tan cerca del People y tan lejos del internet.
La Generación X de Friends hizo de la amistad un pacto eunuco que mantenía a sus personajes en una adolescencia constante; por eso la serie decae cuando aparecen los matrimonios y los bufones van asumiendo responsabilidades. La Generación Y de TBBT retrae a sus personajes a una infancia sabihonda, aunque al mismo tiempo impulsadora de la burbuja académica. A fin de cuentas, el locus amoenus aspiracional de The Big Bang Theory queda fijado: la existencia gozosa de los peter panes sabios, y la oda al geek (que ya estaba dado desde el internet y las redes sociales) como estilo de vida. El reflejo de una generación infantil e inteligente que ansía disfrazarse de Spock, darle a la comida tailandesa y tener jueves de comics. Por suerte, en la puerta de enfrente hay una vecina rubia que los reivindica. Y más importante: que es tolerante con ellos.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Los diputados, la comunicadora y el tuitero

Aquí está el chisme: (escuchad pacientes antes de seguir, total que está bonito y hasta didáctico es) (los que no tengan audio o les de flojera escucharlo todo, acá viene la nota donde se resume el bonito show)

Primero hay que dejar claro un par de cosas:

1) @robot2xl, o Oscar García, se portó de una manera soberanamente imprudente en el programa de radio.

2) Entre su argumentación burda y rabiosa, y el bordado fino y bien entrenado de los diputados, hay un abismo insondable (lo que es ser profesional de la oratoria y el ).

3) @robot2xl hace lo imposible por protagonizar y lo logra de maneras que de botepronto resultan desagradables.

4) Su forma de increpar e insistir en tener su espacio, representa de manera vergonzosa a quienes pudieran considerarse parte de la comunidad bloguera, tuitera, feisbuquera o demás formas de vagancia virtual.

Pero también vale destacarse que:

1) La comunicadora, Yuriria Sierra, no tuvo la mejor forma de corregir o resolver el ataque directo contra su jefe. Y ante la opinión pública pierde credibilidad.

2) El zafarrancho demostró que los diputados ya no dicen nada: ningún argumento fue tan claro, decisivo, contundente, como el del furibundo robot2xl

3) Hay una división obvia entre el círculo de poder (los diputados), el círculo rojo (Sierra) y la "gente de a pie": los primeros (legisladores y periodista) son dueños de un lenguaje eufemístico rico y poderoso, mientras el segundo se expresa con la rabia colmada y la necesidad de querer expresar agravios netos.

4) robot2xl es grosero, los diputados educados; robot2xl es directo, los diputados retuercen soliloquios; robot2xl sabe que malamente le darán diez segundos y vomita sus denuncias sin concierto, los diputados es enamoran de sí mismos escuchándose y hasta lanzan florituras como: "no veo por qué debatir si estamos de acuerdo en tantas cosas". Los diputados usan la diplomacia que necesitan para la vida diaria en la cámara, para las siguientes elecciones, para los siguientes cargos: robot2xl habla desde la única oportunidad que podría tener para ser escuchado (y quizá la desperdicia, se vale especular).

5) Cuando Fernández Noroña dice que le parece correcto debatir con sus compañeros diputados porque "si no no sabías francamente con quién ibas a debatir, hay anonimato en tuiter, es válido, no lo critico, así funciona", se categoriza al usuario de la red social como ese ente oscuro, indeterminado, semejante al que acusan de tratas de blancas en los comerciales de la tele, o al cuasiviolador que la Sra. Granados dijo que era de mala salud para su hijo y que además no existía (el violador, el tuitero, valga aclarar).

6) Cuando se presenta Corral, el diputado panista, éste saluda a la comunicadora, a sus compañeros en específico, y se refiere a robot2xl en otra categoría, hablando en masa de "los tuiteros" sin dirigirse concretamente a él. Ojo que la agresión burda del tuitero responde a este elegante menosprecio legislativo. Si los diputados hubieran considerado a robot2xl, quizá habrían tenido a un interlocutor más dispuesto a argumentar que a denunciar.

Y concluyendo: es cierto que en los siguiente días vendrán chismes varios y harto sabrosos: adhesiones y repudios; la agresión contra @robot2xl, que exagerada o no, él se encargará de hacerla rentable en términos políticos o simplemente protagónicos; el descrédito como comunicadora de Yuriria Sierra, la pobre tan agarrada en curva; el raspón de Fernández Noroña, que a juicio de algunos guardó demasiado las formas porque lo hubieran querido paladín de los tuiteros rabiosos; la propagación incómoda del artículo que evidencia la evasión fiscal de los Vázquez Raña (dueños de la radiodifusora donde trabaja Yuriria); el procrastineo grillero de los tuiteros, quienes podrían hacer de éste un nuevo capítulo que siga al voto nulo y al #internetnecesario.
Pero más allá de todo este chisme me interesa una cosa, el uso del lenguaje. Y para qué fatigarme interpretándolo, si el Monsi lo describió tan bien cuando hablaba del debate entre el CEU y las autoridades de la UNAM, en el movimiento estudiantil de 1986:
En ningún momento del debate los funcionarios son naturales, los sorprende más la existencia que las razones de sus opositores. En cambio, y sin glorificar a la representación del CEU que paga el inevitable tributo al populismo y al discurso de efecto inmediato y concesiones sarcásticas, lleva ventaja porque carece de rodeos expresivos y habla a nombre de las exigencias vitales de decenas de miles.
El éxito de los ceuístas se debe en gran parte a que rechazan las "buenas maneras" y el respeto prefabricado a quienes nos antecedieron en el uso del currículum. (...) los representantes del CEU van a combatir razonamientos administrativos y a difundir señales utópicas, y en el camino hallan un aliado: la falta de verdadero entrenamiento ideológico de una burocracia que combina la sagacidad del memorándum con el desdén por cualquier uso apasionado de las ideas, y que fue arrastrada, sin su consentimiento íntimo, en el maremágnum de las reformas del rector Carpizo.
("¡Duro, duro, duro! El Ceu: 11 de septiembre de 1986/17 de febrero de 1987", en Entrada libre, del Monsi, claro, p. 265)
Cambien ceuístas por @robot2xl; cambien autoridades de la UNAM por diputados y comunicadora; lo que se escuchó en el programa de radio fue una representación 0.2 de esta división: el eficiente pero falso training de los representantes de los círculos de poder; el burdo y apasionado delirio del tuitero argüendero que llegó a conmover un debate más sensato que cierto. Y ya dije que @robot2xl fue imprudente, protagónico, burdo, grosero, limitado, pero su rabia y su cinismo me representaron mucho mejor. ¿Y a ustedes?

pd una hora después: ash, por los zafarranchos estos se me olvidó que quería tratar Cosas Importantes:

MAMAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!




Y ya, chau.

martes 17 de noviembre de 2009

La ñora del Oxxo

Me causa mucha angustia la ñora que ahora atiende en el Oxxo. Antes había un escuincle al que siempre le faltarían tres días para cumplir 20 años, y que tenía una grabadora con música de Frank Zappa. Una vecina me dijo horrorizada que vendía drogas: "pastillas.... y también mariguana", insistía en hacerle el suspenso a la mención de la yerba maldita, y desde entonces me cayó mejor el tipo, aunque nunca me atreví a preguntarle y solicitarle cotización. Pero era bastante bueno comprarle rancheritos, chelas, cigarros, pulque en lata y burritos de lonchibón mientras se oía a Zappa. Incluso, cuando sus compañeros le agandallaban la grabadora y le cambiaban a la cumbia, incluso entonces se oía a Zappa.
La ñora que atiende ahora escucha a Mocedades. A Serrat y a La Lupe. Nada contra ellos, en la prepa hasta supe las pisadas de Tu Me Admiras Porque Callo Y Miro Al Cielo, pero es que uno entra al Oxxo y escucha eso y sabe que algo está mal. La ñora le grita a sus compañeros que intuyo son sus chalanes. Y mira con toda la amargura por dentro. A mí me miró significativamente dos veces, hasta que se dio cuenta que sólo iba por rancheritos, chela y cigarros. Otro más que no valía la pena, habrá pensado. El tema es que el Oxxo se ha vuelto triste y nostálgico. Cuando entro quisiera llevar las fotos de todas mis exnovias para aprovechar el mood de balada mala copa y ponerme a llorar.
Creo que aunque esté más lejos, en el futuro iré al Super K que recién abrieron sobre Cuauhtémoc. Hay una muchacha con un brillantito en la nariz, no sé qué música le gusta pero parece que aún tiene fe en algo.
En otro orden de ideas, hay unos nuevos burritos marca Chata, un poco -pero sólo un poco- mejores que los Lonchibon. Cómanlos cuando puedan pero tampoco los busquen con ansias. Podrían decepcionarles, como el google wave. Me quedan dos invitaciones, ¿alguien las quiere?

miércoles 11 de noviembre de 2009

Chillen, putas

Acepto que me preocupa el lenguaje, pero no de la forma que le preocupa a un becario del Fonca o a un asustadizo cazador de bisuterías filológicas. Lo prefiero como el que describe Paz, el de "chillen, putas", porque así como toda mujer memorable debe tener algo de puta, todo lenguaje que sobreviva a su homenaje debe aspirar a cierto envilecimiento y, en consecuencia, a su robustez. Cuando Jorge Volpi y Mario Bellatin critican los argots localistas y aspiran a la eficiencia de un "lenguaje más compacto" los pienso como niños enfermos a los que uno debe tratar con guantes de látex y sin hacerles mucho ruido; lenguaje tan conciso como frágil, tan adecuado como quebradizo, que incluso cuando veo sus libros siento que debo abrirlos con cuidado, y entonces no me los puedo llevar a la playa o al metro, los leo sentado muy derecho y sin que se me note la papada, paladeo las oraciones como dieta macrobiótica, de excelentes nutrientes aunque de pronto un poco faltos de pimienta.
Ni modo, soy glotón vulgar, de fabadas espesas y carnes rojas, de mamarnos tres tellas de vino y no una copita de champaña ultrarefinada porque la lana no dio para más. A lo mejor por eso mi gusto anticuado del libro espeso y la parrafada ociosa; cuando enfrento un microcuento sufro lo indecible, tengo claro que mi inteligencia debe aguzarse con los tres renglones expuestos y cuando no ocurre quisiera armar cubos de rubick a ver si así consigo subir mi IQ. Nunca le hallé el chiste al dinosaurio dormido de Monterroso y en general nunca supe hincarme ante las Perfectas Microficciones de Monterroso; cuando los demás casi lloran yo sonrío educado y más bien me urge perderme en un bosque espeso sin genialidades de *chispazos literarios* que me aturdan.
Fanfarroneo que el lenguaje sólo es vehículo para contar historias, pero más honestos, el vehículo adquiere sentido si imaginamos una carreta, un vocho, un ferrari o un patín del diablo. La sensatez dictaría -simplonada de quien quiere llegar lo más rápido posible- que el lenguaje pulcro, eficiente, es el mejor para la ruta; pero cuando uno tiene esa necedad de pueblear sin desespero puede darse el lujo de cinco páginas que no cuenten gran cosa pero que en su transcurso sepan embaucar. No todos los caminos deben recorrerse velozmente. No todas las lecturas deben ser ágiles y concisas. Y más aún: una lectura que a güevo quiere ser ágil, que no enfada, que se desliza ultrasónica en pos de su final, es como un fast food que se hace el elegante pero tarde o temprano muestra el cobre -¿Italianni's, por ejemplo?-, y se sale con rostro mecánico y comentario cliché: "¿Estuvo bueno?", "Sí, si estuvo bueno", sin siquiera un poco de disgusto o miedo por la posible indigestión.
La nefasta consecuencia: me desesperan las páginas web de buena literatura novel, las campañas puristas de ultracorrección que se arrogan en mi pureza contra tu vulgaridad, las invitaciones a la lectura sana que ofrece libros como si fueran all brans que te ayudan a cagar mejor. Si de procrastinar se trata, corro a las páginas de relatos porno, a los blogs de slangs intraducibles, al mETroFlOG dE TiPPoGraFIaZZZ dEZespeRANteZZZ y al hi5.com que por más salvaje y guarro es más noble también. Prefiero creer que el lenguaje es todo y no solamente el Buen Lenguaje; ya neceé antes que el lenguaje se recrea más desde su error que desde su pertinencia, aunque entonces asumo que un uso del lenguaje erróneo a güevo también sería tan artificioso como el del escritor de forzada prolijidad.
Ni modo, parece que no queda sino resignarse a la apretada celda de Gracián: "Lo bueno, si breve, dos veces bueno", pero chance y por eso da consuelo tropezar con insolencias como las que fragua N. cuando instaura su catastroformismo, que busca (y busco mis lentes de dos dioptrías de corrector apesadumbrado y cito):

recalcar lo inexacto

lo efimero

de tegil

o de lidniok

crear significados

a través de la confusión

Intentos como éste no inventan el hilo negro pero sí le ponen más anilina y si el artificio violenta a alguien, entonces ya valió la provocación. ¿Que las vanguardias están trasnochadas? Pero el trasnoche es la mejor parte de la fiesta, cuando el lenguaje preocupa pero no se le consiente, cuando se puede merodear sin venerarlo, y no estoy seguro que desde ahí se consigan becas, pero más importante, ensamblando piezas catastroformistas se pueblea por aldeas, no sé qué tan literarias, pero seguro más sugestivas por lo personales.
Mientras la catástrofe termina de ocurrir, a comer gomitas y a imaginar que puede haber otra forma de acercarse al lenguaje. Por lo menos, que chille. Como puta.

sábado 24 de octubre de 2009

#postnonecesario

Hay cosas peores por las cuáles protestar: las constantes cagadas que hace Calderón para seguir intentando legimitarse (ya vives en Los Pinos desde hace tres años, ya no tienes que demostrar lo que de todos modos no eres), los sueldos excesivos de la aristocracia legislativa y de la alta burocracia, las limitaciones de las libertades civiles con la ley de terrorismo contra el tabaco y la venta de licor solamente hasta las dos de la mañana, la designación de un solapador de asesinos de mujeres como Procurador General de la República, la decepcionante estupidez de López Obrador y la izquierda en general, la ensartada con el aumento del 16% del IVA, la ensartada con el aumento del 30% del ISR, la arrogante confrontación contra el sindicalismo, la falta de oportunidades, la escasez de agua, las pocas minifaldas en la capital... y sin embargo, el interés virtual se ha centrado en el impuesto del 3% a las telecomunicaciones, que en específico, haría más caros los de por sí mediocres servicios de internet en el país.
El país se destruye mientras los tuiteros redactamos, en 140 caracteres, inteligencias tipo: "tengo sueño", "voy a comer", "adoro a Edward Cullen", "Nuevo pic de Megan Fox". Pero entonces la historia se nos cruzó: el aumento del 3% al internet se volvió sorpresa, indignación, angustia y fácilmente derivó en reclamo. Se erigió el hastag-lema #internetnecesario y nació la causa que desamodorró un poco al procrastineo generacional. Que en algunos blogs llegó a Sublimes Niveles Poéticos, "soy parte de una generación, la red y yo somos uno mismo" leí no se dónde y luego me dio flojera y cambié la ventana a Youporn.com. La sorpresa fue que una bravata propagada en infinitum trascendió la red social del tuiter y se convirtió en nota de primeras planas de los periódicos nacionales.
Y a partir de ahí ha venido el debate. Quienes argumentan que el impuesto al internet amplía la brecha tecnológica con los países desarrollados, que si en Suecia ya es derecho constitucional y nosotros siempre tan paisanos, que si se evidencian lo caros y malos de los servicios de internet en México, que la gente pobre que además no tenía acceso a internet ahora será mucho más pobre y con mucho menos acceso a la ansiada virtualidad. Mientras, el argumento que relativiza al #internetnecesario se burla de esta revolución geek, insiste en que hay reclamos más urgente y necesarios, evidencia que la movilización tuitera-bloguera es más modita nice que conscientización política, y los #internetnecesario reviran que están lejos de ser nice, que tener laptop no es ser rico, que la virtualidad es desarrollo, educación, tecnología, información... y menos belicosos, se podría justificar: cada sector protesta por la porción de intereses que estropea Fecalito (no hay bronca, está empeñoso en destrozarlo todo), y suena lógico que la comunidad virtual proteste por el impuesto que asedia sus teclados y sus pantallas.
Lo sorprendente, sin embargo, es reconocer lo poderoso que puede ser la injerencia de las redes sociales y las comunidades virtuales en el espectro nacional. Ni sindicatos, ni feministas, ni minorías, ni gremio turístico, ni facciones políticas, han logrado lo que el mundo virtual consiguió en un par de días. Visita al senado, programas de radio, columnas en periódicos, y por supuesto, los espacios propios de la virtualidad. Otras luchas más importantes ya quisieran una cobertura de información y opinión tan extensa, compleja, efectiva, como la de #internetnecesario.
El movimiento del #internetnecesario de inmediato recuerda otra cruzada-modita que ocurrió hace pocos meses, la del voto nulo, más intensa en facebook que en tuiter, que logró una representación importante en las elecciones federales de julio de este año. En las semanas anteriores a las elecciones, intensos luchadores sociales emergentes publicaron artículos, preguntas, reflexiones, arengas, postulados, que mostraban al voto nulo como la forma más efectiva de protesta ante la porquería del legislativo. Voto nulo logró tener espacios importantes de información, logró que los opinólogos más reputados fijaran posiciones y obligó a que la gente del poder se pronunciara sobre el tema. Lo decepcionante ocurrió el día después de las elecciones: no por la mayoría de cámara que ganó el PRI, que esa felonía estaba más que cantada, sino por la rapidez con la que la abulia regresó al displicente FB. Los nicks celebraron el éxito de su representatividad, después contestaron un test sobre qué tanto sabes de Los Beatles, después subieron fotos de su última party, después escogieron su galleta de la fortuna del día. Si se les preguntaba qué venía después, dejaron el movimiento en pausa hasta el 2012, en el que el nuevo voto nulo logrará un digno 8% de representación que de todos modos no impedirá que Mr. Gaviota llegue a Los Pinos.
¿Cómo irá a evolucionar ahora #internetnecesario? ¿También será tan efímero y desvaído como el voto nulo? Sin entrar en especulaciones, queda consignado: #internetnecesario como segundo movimiento mexicano generado desde el internet, integrado probablemente por los mismos héroes anulistas de las elecciones federales, y que como ellos, muy probablemente, cuando consigan echar para atrás el impuesto del 3% regresen a la #procrastinaciónnecesaria y gozosa. "Tengo sueño", "RT: Tengo hambre", #carmensalinasnecesaria... hasta que otro juguete digno de ser mediatizado vuelva a estimularnos y a hacernos sentir que, como los abuelos del 68, tomamos la calle, ahora virtual, y hacemos la revolución, aunque en este caso sería como la que canta Plastilina Mosh:

si es la revolución desde tu televisión
si es la revolución desde tu televisión
si es la revolución desde tu televisión



Y pues saca mi cerebro del frasco, que no?

martes 13 de octubre de 2009

El cine bastardo (y ya sin gloria) de Quentin Tarantino

Esto se recitaba de memoria a mediado de los noventa, cuando apareció Pulp Fiction (Tarantino, 94) y los espectadores azorados intentaban interpretar su prodigio: decían que con Tarantino el cine basura trascendía al arte y a esa transposición de valores estéticos hasta se le dio el nombre, entonces rimbombante, de "cine de culto"; se decía que los largos diálogos, tan sofisticados de tan simples, tan sabios de tan chabacanos (la disertación de Le Big Mac, los preparativos para el asalto de Honey Bunny, el versículo de Ezequiel) merecían glorificarse en soundtracks y memorabilias de citadores mamones; que las rupturas temporales (y sin embargo hacía siglos que existió Godard) reinventaba el cine y la forma de contar historias; que el niño terrible del cine gringo rescató a Travolta para simbolizar la decadencia y lo logró rebien con su bailadito autista de You Never Can Tell de Chuck Berry. Con las genialidades de Tarantino se aterrizó al público masivo la reflexión de Lyotard sobre la "incredulidad a los metarrelatos", que derivó en fanfarronada ecléctica para pacheca nice.
El cine que se explica desde el cine, pero más sofis, el cine que se explica desde el desperdicio tuttifrutti del subcine. Prohibido parodiar a Ford o Wells o Coppola o Hawks, bienvenido el cine B, Z, el sexplotion, el exotismo asiático y ahora, con Bastardos sin gloria, el cine italiano y el bélico de propaganda que se hizo durante la Segunda Guerra Mundial. Pero el recurso parodista tenía sentido en aquella década última que revisaba la gloria y la miseria del siglo XX. ¿Seguirá sirviendo el cine de Tarantino, a nueve años andados del hiperquinético XXI? ¿O ya se evidenciará como carcaza, como le ocurrió con ese divertimento feministoide-pero-no-es-para-tanto de Kill Bill? ¿Tarantino sigue combinando con la fugacidad frívola de la sociedad virtual?
Incierto de formarme una opinión propia, corrí al centro de la información (al tuiter, ¿hay otro?) para enterarme de que: los personajes de Tarantino están de güevos, #nomamar los diálogos de Tarantino, #soyfans del estilo Tarantino. Y entendí que con él ocurre lo que con Tim Burton, que el otrora cineasta competente se convierte en inflada marca de moda, para consumirse en llaveros, quotes de yahoo (sí, todavía existe) y soundtracks para fiestas retros; que su anterior hallazgo de la reinvención del discurso ha derivado en modita cute para intelectuales trendy. Que su gran propuesta fílmica ahora es tan trivial como una tienda de trapos vintage.
¿Intentó renovarse? Y se alcanza a olfatear que sí. La clave está en los carteles de la pelícola. Brad Pitt as Lt. Aldo Raine, y Christoph Waltz as Col. Hans Landa (no mamars se lleva la peli goeiiii), y Til Schweiger as Sgt Hugo Stiglitz, semejan figuras de acción para niños de 1950: a Bastardos sin gloria le hubiera encantado ser un salvaje entretenimiento bélico de desperdicio, pero debe conformarse con ser otra peli de Tarantino. Otro juguete bastardo para comentarios cagados de tono avantgarde.
Tarantino, más coreógrafo que cineasta, más cazador de citas que contador de historias, tenía en las manos un sabroso material para masacres y corretizas, para regodearse en el exceso y provocar desde la feria hiperreferencial, para hacerle a Brad Pitt el homenaje más chocante y soberbio de su carrera (como sí logró hacérselo a John Travolta; como lo volvió ¿emotivo? poema amazónico con la Novia Turman de Kill Bill), pero al director Tarantino le ganó la marca Tarantino: por eso los diálogos largos y tensos, efectivos si los protagoniza Waltz, soporíferos en los otros casos; por eso la película es anticlimática a güevo en momentos que pedía convencionalismo mainstream; lo banal que se intelectualiza pero al hacerlo se trivializa: entonces Bastardos sin gloria es más complacedora de eclectifans que descubridora de su tensión genuina.
No quiero decir que sea una mala película, pero sí me queda claro que no es una gran película. Y que el discurso de Tarantino se va agotando, y que su añeja innovación pusmoderna no ha sabido (¿logrará hacerlo?, ¿pero cómo?) evolucionar.
"No se puede ser Spielberg cuando a uno le toca ser Tarantino", concluimos ayer con Liar, pero los dos estábamos demasiado borrachos (pedas por skipe, a lo que hemos llegado) como para entenderlo. Ahora que lo repienso: hacer la montaña rusa de Indiana Jones y el templo de la perdición requiere clasicismo e ingenuidad. Tarantino retuerce el clasicismo. La ingenuidad no es lo suyo. Pero la malicia bastarda no siempre es suficiente.