martes, 15 de mayo de 2012

131

El video de los 131 estudiantes de la Ibero semeja aquella campaña de redes sociales que ocurrió hacia septiembre de 2009 y que todavía muchos recuerdan; trataba de una señora desconfiada de los tuiteros perversos violadores salvajes y siniestros, quienes traficarían con los órganos de su adorable hijito Webbie Granados. Una convocatoria a cargo de Jorge Pinto desbordó la ocurrencia y permitió atisbar el universo real de los 2.0: en el blog Sra. Granados se improvisó un jocoso collage de fotos de universitarios, preparatorianos, ninis sonrientes, aspirantes a hipsters, entusiastas de la faveada crusherosa, exhibicionistas francos y procrastinadores aguerridos, quienes al poner nombre y rostro a sus arrobas también creaban una feria de la identidad que bien podría ser potaje espeso para cualquier sociólogo en busca del tema de su tesis perdido.
El asunto ahora es más serio: el candidato priísta a la presidencia Enrique Peña Nieto acude a la Universidad Iberoamericana, básicamente a soltar las mismas frases prefabricadas con las que su partido ha estado saturando bardas y televisores. La sorpresa ocurrió cuando los estudiantes de la Ibero, de manera espontánea, empezaron a confrontarlo y le gritaron sapos y culebras, lo corretearon por las instalaciones del campus y lo hicieron marcharse de una forma definitivamente ridícula. Por supuesto que hubo resonancias: la tuitósfera fascinada, el presidente del PRI Joaquín Coldwell se lamentó de los "grupos no representativos de la universidad que incurrieron en faltas de respeto" y periodistas lambiscones tipo Ferriz de Con y Pablo Hiriart se apresuraron a adjudicar el zafarrancho a las perniciosas huestes de López Obrador.
Entonces viene el acaso más importante capítulo de la historieta, y es el video de los 131 alumnos de la Ibero. Que como aquel ejercicio de la Sra. Granados, sobrepasa su propósito. Porque de inicio se trata de la respuesta que dan los estudiantes de la Iberoamericana a los desdeñosos comentarios de Joaquín Coldwell y Arturo Escobar, vocero de la franquicia fascista Partido Verde, cuando describen que apenas un puñado "no representativo" buscaron desestabilizar el espíritu plural de la universidad. En el video los alumnos enfatizan en que no son "acarreados, no porros y nadie nos entrenó para nada." Y sigue la  galería de estudiantes que dan su nombre, muestran su credencial y miran de frente a la cámara; rabiosos unos, con solemnidad otros, haciéndose de paso las guapas las que tienen con qué.
La interpretación más superficial celebra el video por su afán mitotero de confrontar la arrogancia priísta, tan llena de argumentos y pretextos para trivializar el abucheo a su candidato (control de daños que le dicen). Pero si se observa las miradas concentradas, los ceños fruncidos, si es escuchan las voces retadoras de algunos estudiantes, se va comprendiendo en los 131 Iberos una urgencia de existir, de hacer su espacio en el país.
El estereotipo de los estudiantes de la Ibero los convierte en hijos de papi, adinerados ociosos quienes saben que sus puestos de trabajo los están esperando desde antes que elijan su carrera, fines de semana en Valle y party en los bares de Palmas, anorexia y bulimia como deportes introspectivos extremos, boletos platino para los conciertos y vacaciones en Estados Unidos (los jodidos) o Europa (y el mochilazo no es única opción sino gusto por la aventura goe). La discriminación a la mexicana que se ha evidenciado con más fuerza desde las campañas políticas de 2006 ha ido en doble sentido, y así como hace de las clases medias un enjambre apestoso de proletarios, jodidos, gatos asalariados, también caracteriza a las clases altas con crueldad.
¿Por qué visitó Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana? Porque en teoría se trata de una institución incapaz de ponerlo en situaciones incómodas, y eso de paso le permitiría grabar escenas conmovedoras de un candidato que sí sabe acercarse a los estudiantes. Y esta cualidad se trastoca en insulto: la Ibero como un espacio acrítico, apático, con una memoria histórica acomodaticia. Ir a la Ibero sería como ir de día de campo, distinto a esos nidos de revoltosos, territorios comanche desde los años setenta para los priístas y panistas, que serían la UNAM, la UAM o el IPN. En la elección ya se cataloga con desdén a la banda Ibero: niños bonitos que aplaudirán como monos amaestrados, que harán los nectes necesarios para fraguar su carrera en el presupuesto, sin ideas críticas porque esas se les termina con el nuevo Ipad que les compre sus papás. Y es justo ese estereotipo el que los iberitas combatieron en la visita de Peña Nieto. Le gritaban Fuera Fuera y también corrían al cliché de su supuesta frivolidad. Por eso les fue tan necesario grabar el video de los 131 alumnos: lo anecdótico era deslindarse de cualquier provocador profesional (la obviedad de los videos de la visita de Peña Nieto hace rídículo el supuesto), lo importante fue reforzar su autonomía como individuos de su tiempo. De modo semejante al de los tuiteros de la Sra. Granados, en su reclamo los 131 iberitas existen. Ya no son esa otra masa amorfa de riquillos hedonistas. Hay estudiantes específicos que reclaman, confrontan, se muestran. Se llaman Jimena, Francisco, Mayela, Agustín. Al mostrarse se narran. Al narrarse desmitifican. Contra lemas clasistas o discriminatorios, un carnaval de credenciales, rostros, voces. Contra el cliché, personas. Si se vale la impertinencia kitsch, un Todos Somos Marcos del mundo del revés. Los 131 del video parecen decir: Todos Corrimos a Peña Nieto, y todos nos sentimos orgullosos de eso.
No falta quienes insisten en relativizar el suceso: ¿fue importante solamente porque fue de la Ibero? ¿Cómo se vería si hubiera ocurrido en la UNAM? Fue importante justamente porque ocurrió en la Ibero, el espacio donde menos se esperaba (también hubiera sido importante en la UNAM, pero estemos de acuerdo que sería lo obvio; justo por eso ahí ni por error se aparece Peña). Y fue hacer un guiño al país: un movimiento inesperado que despierta de la modorra y obliga a acompañar la bravata. Es cierto que quizá muchos de los 131 estudiantes olviden este momento y, como diría el poema de José Emilio Pacheco, con el tiempo se vuelvan en todo aquello contra lo que lucharon a los veinte años. Pero ahora atisbaron la adrenalina, la identidad que confronta el prejuicio, el impulso de la trasgresión, la energía para espetar orgullosos gestos de insolencia.
Conmueve cuando tuiteros de la UNAM o el Politécnico saludan el video de la Ibero con entusiasmo, recuerda ese lejano 68 en el que los estudiantes de la Ibero cerraron su propia escuela para sumarse a la huelga estudiantil. Hace poco circuló por las redes el artículo desencantado que proponía a los jóvenes actuales como una apática Generación Zoé. El video de los 131 iberitas también le contesta.



6 comentarios:

Nere dijo...

¡<3!

Dib dijo...

Hasta de un tema tan soporífero como la política y el elitismo y la Ibero saca usted un texto chingón.

Y ni hablar de la razón que tiene, porque hasta en eso se esmera.

Ana Escoto dijo...

A mí este evento se me hizo un Fuenteovejuna a la inversa. Muy buen post, sos el primero (que leo) que cuestiona porqué iba a la Ibero.

Anónimo dijo...

Que buen post, me da gusto leerte con temas serios y de actualidad con ese toque muy tuyo.

cascabelera dijo...

Cualquier universidad que se digne de serlo forma mentes críticas, enseña a pensar,llámese Iberoamericana, Tec, CIDE, UNAM, Politécnico, UAM...me parece exageradamente justificada por los medios y los antiPeñaNieto (y yo soy una de esas, incluso) la manifestación de los estudiantes, como si ellos lo necesitaran, tan incrédulos nos hemos vuelto.

HLMDP dijo...

Excelente post!