viernes, 23 de mayo de 2008

José José rules

Hace algunos días hablábamos de eso, de que ya no existían esos hombres patéticos que morían heroicamente en la raya de su mediocridad, que amaban sin esperanza hasta el extremo de vomitar los cacahuates y el ron con coca cola, que podían hacer un grandioso espectáculo de su hediondez afuera del multifamiliar de la amada desdeñosa, con un trío musical tan inútil como él. Que en su lugar hay sospechosos filósofos de la vida -como Reily-, o del TV Notas -como Arjona-, o del psicoanálisis soft -Aleks Sintex-, o niños boricuas o venezolanos que mean sus calzoncitos mientras cantan timideces como "todo es perfecto cuando te siento/ tan cerca aunque estés tan lejos." Y bueno, que José José, con todo y su alcoholismo y patetismo, y con los pésimos chistes en torno a su alcoholismo y patetismo, es la Verdadera Voz de la Conciencia (la de a de veras, no la que querrían de nosotros los panistas y los motivadores de recursos humanos; la Conciencia desnuda desquebrajada que ocultamos cuando mostramos nuestros curiculos profesionales, la Conciencia que se pasea en los ojos turbios mientras paladeamos la sexta cuba tibia y necesaria); pero uno no lo tiene muy claro hasta que son las cuatro de la mañana y se han ingerido dos patonas de bacardí y varias cajetillas de cigarro, hasta que resulta insoportable seguir pensando en esos ojos y esos labios y esas piernas tan imposibles y se hacen obligados los violines sin virtuosismo, la melodía básica y empalagosa, la voz sabia que refleja la autocompasión que uno ha aprendido a domesticar para poder aportar fatuidad al PIB nacional.
"Yo que fui un volcán soy un volcán apagado" reza el verso, que va más allá del vergonzoso tropiezo de virilidad sexual: tiene que ver con los pagos vencidos, con las jetas de los jefes explicando que no pueden subirle el sueldo a uno (aunque eso sí, uno siempre puede dar un esfuerzo mayor), con las retóricas feministas que lo quieren a uno fuerte-frágil-sensible-con-carácter-ambicioso-sencillo-caballero-cabrón, con expectativas convertidas en obligaciones implícitas de autos-refrigeradores-coñac-blackberrys que atormentan en la tele porque uno solo tiene pomada para el pie de atleta y mucha comezón. Ahí es cuando José José entiende, con su tono eterno de cuarentón inmaduro (Cortázar siempre pergeña cuentos adolescentes, Borges siempre se lee como anciano; José José siempre canta como cuarentón), sobre las necesidades básicas de la vida (amar y ser amado), con el desconsuelo cuando las cosas se desgastan, porque no siempre se es un espléndido amante, porque el tiempo tiene grietas y porque grietas tiene el alma.
Un ensayo que nunca escribiré sobre las baladas de los setenta tendría que situar a José José en un sitio especial, el que personifica y da voz a los burócratas y los oficinistas de medio pelo que están al borde de la despersonalización de la ciudad, justo en el momento que el DF bicicletero de los sesenta se expande y elimina el arraigo por los barrios, para convertirnos en fatigados viajeros de vías rápidas y vagones del metro que nos hace bueyes en rediles.
El ensayo tendría que diferenciar entre José Alfredo Jiménez y José José, en tanto el primero es el fracasado conocido por todos: el de los abarrotes que se perdió en el alcohol por un gran amor, el provinciano de la pensión que no soportó y se suicidó ayer en la tarde, los adúlteros de los que todos sabíamos la hora de sus citas pero nunca la revelamos porque no hay que meternos donde no nos importa.
Mientras, José José es el fracasado que ha perdido su personalidad. José José le canta a tarjetahabientes, a usuarios de los sistemas colectivos de transporte, a afiliados del Seguro Social, a muestras estadísticas a favor/en contra de la hegemonía priísta, a las masas que fingen prestigio con las baratas de las tiendas Suburbia. Esta impersonalidad pretenciosa y angustiada hace posible la fantochería sin sentido del príncipe, su amor, honesto y tímidamente mediocre, sus noches de romance con menos perfumes y estrellas y más incomprensión y lamento: "a veces te miro callada y ausente/ y sufro en silencio como tanta gente" "pobre tonto, ingenuo charlatán,/que fui paloma por querer ser gavilán"; "Me basta con un poco de tu amor (...) con el que tengas guardado, con el que hayan olvidado/ con eso me quedo yo"; "Me encadenaste a tu falda/ y enseñaste a mi alma a depender de ti"...
José José balbucea su exabrupto al mismo tiempo que Silvio y Pablo cortejan mujeres a las que les gusta "la canción que comprometa su pensar"; al mismo tiempo que Serrat "cerró su puerta una mañana y echó a andar"; cuando un jovencísimo Charly García proponía: "excavo hasta abrazarte y me sangra la mano/ pero que libres vamos a crecer"... Pero donde los otros dejaron sus lemas como legendarias luchas que fracasaron, el buen Príncipe sigue siendo actual por su fracaso constante. José José sabía que no existían revoluciones, ni compromisos, ni heroísmos, ni prados verdes, ni guerreras intelectuales: secretarias de medias corridas, esposas fastidiadas que calculan la hora en que pueden darse un encerrón con el sancho, solteronas alcohólicas y estridentes, el cuartito trasero que improvisó la ñora de la farmacia. José José siempre fue sabio porque siempre fue fracasado, por eso sus letras siguen vigentes, si no en las ideologías y las formas contemporáneas de los romances, sí en la angustia de alborada que solo adquiere sentido cuando nos dejamos herir por su voz.
Los hombres han cambiado: ahora los hombres negocian sus silencios, ejercitan sus abdómenes y su asertividad, llevan a sus hijos los domingos al McDonals y los miran jugar en las albercas de hule esponja mientras tararean alguna jotería de Chayanne. Pero siempre se llega a una noche de cantina, a la desesperanza con cacahuates, a la incertidumbre frente al mingitorio, y en esos momentos siempre se agradece la prédica desencantada, íntima, a pesar de todo honesta: "casi todos sabemos querer/ pero pocos sabemos amar"

viernes, 16 de mayo de 2008

Cásate conmigo otra vez: a mirar ya, urgente!!!

Hace dos años me tocó ver en el Festival de Puerto Vallarta una película "independiente", de producción modesta y ejecución alucinante. Se llamaba Ira & Abby, estaba escrita y actuada por Jennifer Westfeldt, quien tuvo una efímera fama por la comedia romántica soft-lesb Besando a Jessica Stein. Ahora, Ira & Abby se exhibe comercialmente bajo el poco apetitoso título de Cásate conmigo otra vez. Lo pobre del título ahuyentará a muchas personas (su título original tampoco es de lo más atractivo), lo cual es una lástima porque debe ser de las comedias románticas más nerviosas y graciosas los últimos tiempos. A dos años no recuerdo todos los detalles, pero sí que abre con un psicólogo diciéndole a su paciente que ya no puede tratarlo porque es insoportable y lo odia. Entonces el paciente, Ira, busca otras formas de remediar sus líos emocionales, y se encuentra con los servicios aeróbicos relajantes de Abby, desparpajada y ligera, y fácilmente se da el romance, que deciden consumarlo en matrimonio el mismo día que se conocen. Entonces aparecen los suegros de ambos bandos, que son como los Byrnes y los Fockers de lMeet the Parents y Meet the Fockers (aquello con Ben Stiller, Robert DeNiro, Dustin Hoffman y Barbra Streisand), pero infinitamente más graciosos. Recuerdo que los diálogos eran punzantes y agilísimos, y el ritmo de la puesta en escena vertiginoso, tan así que a los veinte minutos de la película dudaba que pudieran mantener el ritmazo de su inicio, y en efecto, hacia la segunda mitad se cae un poco (era obligado, no se podía tanto), pero eso no impide que en su conjunto se trate de una cinta de carcajada, de parlamentos incisivos y sutiles, de actuaciones efectivas. Para decirlo rápido: es como si Woody Allen se hubiera metido un ácido speed y luego se hubiera puesto a escribir.
Si por acá hay algún amante de la comedia romántica, debe dejar todo lo que está haciendo y lanzarse. Imagino que va a durar medio día en cartelera, entonces hay que apurarse a verla. Total: el Iron Man y el Meteoro durarán mucho más, y después se podrá comprar en Mix Up. Pero está va a ser más difícil encontrarla después. Entonces, corran, corran.

lunes, 12 de mayo de 2008

Escepticismo optimista

Llevo tres años sumido en una apacible depresión. Nada terrible: ni obsesión por colgarme de una lámpara, ni descenso precipitado al abismo, ni fantochadas excesivas de lloriqueos y lamentos. Simple desgano, desinterés, inercia, rutinas autocompasivas y noches de pasmo frente al internet. No faltará quien diga que todo mundo está casi igual y que son los signos de los tiempos, pero bien me doy cuenta que estoy un poco más afectado que, por ejemplo, mis amigos: mientras ellos aún pueden entusiasmarse por algún proyecto, alguna conocencia amistosa o erótica interesante, o una experiencia de vida sabrosa (léase viaje, festival, peda, literatura, música), yo decido que no hay nada nuevo bajo el sol, decido que aquello es la repetición de bla bla bla y enfrento el evento sin grandes expectativas. Insisto en describir esta depresión como apacible, porque no estalla en esos espectaculares azotes de la secundaria y la preparatoria. Supongo que un médico lo distinguiría entre depresión aguda (borracheras iracundas, poemas enfebrecidos, golpes a las paredes) y depresión crónica (televisión, internet, que no falten los cigarros).
En realidad extraño la depresión aguda. Para ser franco, mucha de esa depresión en realidad era una postura poética, que en su tristeza sugería tonos, temas, lemas, actitudes, rabias y melancolías que transmutaban en escritura. Por eso me simpatizan tanto los emos: encarnan de forma explícita los azotes que muchos tuvimos y que tanto nos ayudó a disparar la creación y las decisiones de vida. Yo creo que a mi nomás me faltó el copete de caricatura de Beatle, los pantalones entubados y el maquillaje para ser emo. En el resto no habría la menor diferencia. A veces paso por la Glorieta de los Insurgentes y se me antoja acercarme, explicarles que soy como su abuelito emo, probárselos con textos de mis 17 años y pedirles que me hagan canchita para plantarme con el ipod y vegetar mi inanidad.
La depresión crónica/apacible que en realidad cargo, es mucho menos emocionante. Le ayuda la rutina, la edad, el escepticismo ante las cosas nuevas, la falta de interés en cosas por los que muchos otros morirían de emoción. Ejemplo: mañana me voy a Ciudad Juárez, entrevistaré a Ana de la Reguera. Tengo clarísimo que a cualquiera lo pondría hormonal, excedido, nervioso. Yo ya la entrevisté antes: estaba rodeada de gays que la maquillaban y tanto mariposeo estorbaba a su belleza. Ella miraba directamente y con misterio. Yo sólo pensaba que estaba demasiado producida, y que me urgía terminar rápido con eso para irme a un café a leer y fumar (aún se podía). Otro ejemplo: parece que voy al Vive Latino gratis, con la única consigna de hacer una crónica para un portal de internet. Cinco que cuatro personas han envidiado la chambita. Yo sólo estoy pensando en el barullo de la gente, los diez grupos que pasarán antes de que lleguen los interesantes, la obligación de estar ahí toda la jornada todo el día, la preocupación de deslindar qué vale la pena escribirse y qué se debe desechar.
De inmediato pienso en gente que, con justa razón, protestaría y se indignaría porque un absoluto bulto de rencores como yo tenga estas oportunidades, que varios considerarían impresionantes. Por supuesto, muchos de ellos harían un mejor trabajo que yo, porque agregarían la devoción, el nervio, el interés, la vitalidad. Incluso pienso que la persona que fui hace diez años (por ejemplo) querría patearme el culo por mi falta de emoción. Pero chamba es chamba, sonrío sardónicamente y me lanzo a estos eventos que, para mi, solamente son promesas de cheques. Y esto es un ejemplo de muchas cosas más: los nuevos autores, la planeación de revistas literarias que ahora sí estarán poca madre, los proyectos de tele que reinventarán todo lo ya reinventado, hasta las citas con alguna nueva chica con quien sí te vas a entender de lo más bien. Lo más absurdo es que acudo a todo, como recetita, justamente porque en el manual del perfecto deprimido recomienda que uno debe optar por el movimiento en vez de la holgazanería, entonces me lanzo a absolutamente todo lo que la excitante vida ofrece, aunque al cabo de un rato regreso a la descalificación: no va a funcionar, menos impactante de lo esperado, ya sabía que era así de chafa, pues no, no me impresionó.
El único momento que se vuelve preocupante de esta actitud, es cuando intuyo que puede ser, ya, una forma normal de vida. Entonces algo de mí se revela: desde el fondo de la memoria me digo que todavía debe haber algo que conmueva, que lo más terrible sería acostumbrarme a esta inercia, que hasta las peores pelis tienen un giro de tuerca inusitado, en el que se recupera el sentido de las cosas y se llega a cierta revelación. Curiosamente, sería el momento en que la depre aguda se impone a la crónica; el azote a la inercia; el exceso lírico a la apacible contención. La sorpresa y el escepticismo luchan: la sorpresa se avienta una combinación absurda de lo más idiota, el escepticismo se burla inclementemente; la sorpresa prueba con una frase naif-cronopia, el escepticismo le sopla y la hace paja; la sorpresa lanza un dardo hiriente y revulsivo, el escepticismo le presume listo el frasco de vick vaporub. Pero justo cuando el escepticismo tiene a la sorpresa contra las cuerdas, sangrante y herida, desfigurada, irreconocible, la sorpresa le sugiere que cuando menos se espere le podría sugerir algo más. El escepticismo duda, en efecto duda, y su duda es el más glorioso de los fracasos: aunque se va más fuerte, más triunfante, se marcha con el virus inoculado de algo que lo podría desquebrajar. Pero en vez de combatirlo, el escepticismo lo consiente, lo cuida, lo protege. El escepticismo es duda; en esa duda está la sorpresa. Entonces recupero algo mío, cuando me siento cargando este lastre complementario y contradictorio: como no creo en nada, dudo de todo; como dudo de todo, aún tengo activado el chip de las preguntas; el solo hecho de tener preguntas me hace intuir que se siguen buscando respuestas. De ahí deduzco que tras esta depresión apacible se encuentra cierto optimismo medroso. Tal vez mañana, con Ana. Tal vez el fin de semana del Vive Latino. Aunque más seguro no, aunque quizá sí, aunque, aunque... me voy a preparar maletas.

miércoles, 30 de abril de 2008

Negocios (melodrama virtual)

Personajes:

Amigo desparpajado que fácilmente está armando un impresionante negociazo (fácil de hacer, rápido de hacer, bastante bien cobrado).

Amiga ultraprofesional que sabe que no existe en absoluto ningún impresionante negociazo (decisiones pragmáticas, sondeos incisivos, puestas a prueba del archiconocimiento del aspirante a supernegociazador).

Yo (intentando escribir un artículo pichurriento).

Acto único

Amigo desparpajado (avatar del niño dios futbolero): …y nomás nos haría falta sacar un guión chingón, ya tengo un ilustrador chingón pero nos hace falta alguien que haga una impresión chingona.

Yo (avatar de smiley con salsa catsup estilo Watchmen): mjm.

Amigo desparpajado: entonces es buscar la imprenta, una imprenta chingona para que quede un trabajo bien chingón.

Yo: mjm.

Amigo desparpajado: ¿no sabes de alguien que imprima bien chingón?

Yo: Déjame preguntarle a una amiga.

Abro el msn. Amiga ultraprofesional tiene un avatar de Gustave Klimt.

Yo (a Amiga ultraprofesional): ¿sabes de alguien que pudiera imprimirnos de forma chingona un comic bien chingón?

Amiga ultraprofesional: Conozco un ilustrador impresionante, quince años de experiencia, dibujante publicitario, infantil, corporativo, animación 3D, plenamente capacitado para hacer dibujos de todo tipo y en toda clase de formato; calidad garantizada. También tengo los datos de dos impresores excelentes, que podrían encargarse de todo el proceso de diseño y diagramación de un cómic, y seguramente podrían hacer también la impresión.

Yo (a Amiga ultraprofesional): OK. (A amigo desparpajado): dice que conoce un ilustrador impresionante, quince años de experiencia, dibujante publicitario, infantil, corporativo, animación 3D, plenamente capacitado para hacer dibujos de todo tipo y en toda clase de formato; calidad garantizada. También conoce dos impresores excelentes, que podrían encargarse del diseño y la diagramación, y seguramente podrían hacer también la impresión.

Amigo desparpajado: ¿Diagramación? ¿Qué es esa mamada? De diseño tengo una diseñadora, está buenísima, ¿la quieres ver?

Yo: OK

Correo electrónico de diseñadora buenísima de Amigo desparpajado. Linda pero no es pa’ tanto.

Amiga ultraprofesional: ¿Ya decidiste cuál es el proceso que requieres? Porque ahora estoy chateando con dos bufetes editoriales interesados en cotizarte y me piden tu ficha técnica: tamaño (medidas), número de páginas, acabados, forros, tintas, etcétera.

Yo (a Amigo desparpajado): los bufetes editoriales de mi amiga quieren cotizarte y preguntan qué quieres hacer.

Amigo desparpajado: ¿Bufete editorial? Nel, qué ganas de mamar ajeno. Nomás necesitamos un impresor y ya.

Yo (a Amigo desparpajado): OK. (a Amiga ultraprofesional): oye, ¿y no tienes alguien que nomás nos pueda imprimir?

Amiga ultraprofesional: es que dependiendo del tiraje, calidad de papel y especificaciones técnicas, puedo indicarte quien sería el impresor indicado. También es importante que decidas quién escribirá el guión, si necesitas un ilustrador, un diseñador, un formador y una imprenta, y revisar el trabajo de cada uno, para que estés seguro de que te realizarán un trabajo de calidad.

Yo (A Amiga ultraprofesional): OK. (a Amigo desparpajado): ¿Quiénes haríamos el trabajo?

Amigo desparpajado: Pues mira: yo estoy en las negociaciones... tú vas escribir... ya tengo al menso que dibuja... la diseñadora arma el pedo con mucho arte y estilo... y la imprenta imprime y ya. ¿Viste la foto de la diseñadora?

Yo: (A Amigo desparpajado) OK. (A Amiga ultraprofesional): pues tenemos escritor, dibujante y diseñadora... necesitamos una imprenta, ¿conoces alguna?

Amigo desparpajado: ¿No te gustó la diseñadora? Se me hace que eres puto.

Amiga ultraprofesional: Mmm... a ver, querido, te explico: en todo proceso editorial, sea de un folleto, de un libro, una revista o un cómic, siempre es necesario que exista alguien que controle y articule todo el proceso. Lo que entonces estás necesitando es un editor...

Yo: (A Amiga ultraprofesional): OK. (A Amigo desparpajado): sí la vi y sí está buena.

Amiga ultraprofesional: ... porque de la idea de un cómic a tener en las manos el cómic hay todo un proceso... no basta con tener un guionista, un ilustrador y un diseñador.

Amigo desparpajado: ¿Buena? ¡Buenísima! Se derrite de buena, no le falta nada... le voy a decir que cuando hagamos el trabajo vaya a la casa y ahí lo haga en su Mac... ahí te aviso si quieres verla...

Yo (A Amigo desparpajado): dice mi amiga que necesitamos un editor que controle todo el proceso.

Amigo desparpajado: ¿Editor? Pinches güeyes. ¿Conoces a Rentería, bien editor y bien pedo? Acabo de nombrarte el editor oficial. ¿Quieres otra foto? Las bajé del HI5.

Yo (A Amigo desparpajado): Momento, no tengo la más puta idea de cómo editar. Necesitamos un editor.

Amiga ultraprofesional: Conozco un editor de lo más profesional que podría ayudarte: ha hecho libros de arte, es culto, sabe idiomas, aprendió edición en un diplomado en Barcelona.

Amigo desparpajado: Pues que edite la diseñadora. ¿Quieres otra foto o no?

Amiga ultraprofesional: ...y ya sé que esto no importa, pero es un hombre hermoso y hace una pasta exquisita. Te paso un link con su curriculum. Trae su foto.

Yo (A Amigo desparpajado): OK. (A Amiga ultraprofesional): OK.

Link del editor hermoso que hizo diplomado en Barcelona
Segunda foto de la diseñadora buenísima.

Amigo desparpajado: ¿Qué tal? Mamita...

Amiga ultraprofesional: Impresionante, ¿no?

Yo (A Amigo desparpajado): Aquí se ve mejor. (A Amiga ultraprofesional): OK

Amigo desparpajado: Y yo creo que ella sí saca las mamadas esas de la diagramación y el pedo editorialista y nos ahorramos una lana. Está bien buena pero también es buena en lo que hace.

Amiga ultraprofesional: Estoy segura que podrías aprender muchísimas cosas de él.

Lear (avatar de Lear playero): ¿Cómo va? ¿Covadonga mañana?

Yo: (A Amigo desparpajado) Pues si crees que ella puede sacar el trabajo, chido. (A Amiga ultraprofesional): ¿Aprender qué? (A Lear): Va que va.

Amiga ultraprofesional: Aprender cosas que te hacen mucha falta... tener nociones de edición para que sepas pedir las cosas cuando necesites una cotización.

Amigo desparpajado: A güevo que lo saca. Entonces ya estamos listos, nomás falta impresor.

Amiga ultraprofesional: Porque por lo que estoy viendo, más que cómic, vas a terminar sacando un frankesteincomic

Yo (A Amiga ultraprofesional): ¿Y qué te hace pensar que sería un frankesteincomic?

Lear: Chido, hasta mañana, pues.

Amigo desparpajado: Es más, voy a hablarle a esta vieja, a ver si tiene plan el sábado. Y pues que invite a otra reina y armamos algo, ¿a güevo, no?

Amiga ultraprofesional: Disculpa si te soy franca, percibo poca seriedad.

Amigo desparpajado: ¿Ya no te dijo tu amiga nada de la imprenta?

Amiga ultraprofesional: Porque cuando pides un impresor, ya debes tener lista una idea de lo que debes hacer. Mis cuates de los bufetes me están preguntando, ahora qué les voy a decir.

Yo (A Amigo desparpajado): Ya ahorita me lo dice. (A Amiga ultraprofesional): Pues no les digas nada.

Amigo desparpajado: ¿Y si la invitas el sábado? Y yo voy con la diseñadora y tú con ella.

Amiga ultraprofesional: Pues sí, con la pena, acabo de decirles que no tienes la menor idea de nada.

Amigo desparpajado: Me contaron de un hotel poca madre en Tacubaya.

Amiga ultraprofesional: Hasta iba a buscar a mi amigo editor con el pretexto de tu "trabajo", pero con tus especificaciones, pues qué le voy a decir.

Yo (A Amiga ultraprofesional): Primero, no estás segura de que no sea un trabajo serio. Lo estoy armando con alguien serio.

Amigo desparpajado: ¿Cómo está tu amiga? ¿Tiene buenas tetas?

Yo (A Amiga ultraprofesional): Segundo, háblale a este tipo con el pretexto que quieras, no necesitas el pretexto de mi "trabajo".

Amigo desparpajado: Capaz y si está chida, hasta cambiamos parejas.

Amiga ultraprofesional: Uy, qué sentido, búscate una novia ya.

Yo (A Amigo desparpajado): Me encantaría que la conocieras.

Amigo desparpajado: Chingón. Pues ya que te diga de una imprenta, me avisas. Capaz y hasta le decimos que edite el trabajo. Me voy.

Amiga ultraprofesional: Si quieres que te asesore, te asesoro, pero si quieres hacer las cosas con las patas, pues ya no es mi responsabilidad...

Amigo desparpajado ha cerrado la sesión

Amiga ultraprofesional: ...llevo 10 años editando libros (escribiéndolos, redactándolos, revisándolos, corrigiéndolos...) y todavía encuentro personas que piensan que editar un libro, una revista o un folleto lo puede hacer cualquiera. Es posible, pero no es la regla...

Yo: Al final, ¿sabes de alguien que pueda imprimirme algo?

Msj de Amigo desparpajado en celular: llva tu amga l sbado q va a star bn kbrn

Amiga ultraprofesional: Sé quien podría hacerlo, pero prefiero que tengas las cosas claras para recomendarte con alguien. Va mi prestigio en eso, querido. Piénsalo, me voy a comer.

Yo (mensaje al celular de Amigo desparpajado) OK. (A Amiga ultraprofesional que ya no me contesta porque cerró su messenger): OK.

domingo, 20 de abril de 2008

Ese look chachachá

-...y acabando el concierto de Miguel Bosé le caemos Laura y yo a tu casa -amenaza Grissel, y consciente de que han de haber pasado al menos 178 días sin que un trapo se haya dignado de pasar por mis libreros y mi mesa (más vergonzoso hablar de las bolas de polvo en el piso, que vuelan como las pacas de heno de las películas campiranas de Gus van Sant), desde las seis de la tarde estoy recordando cómo era eso de la cubeta con cloro y maistro limpio y peleando con la escoba y el trapeador y la jerga negra de cochambre y resoplando porque las bacterias de cada plato y cada vaso piden un tratamiento sanitario especializado, y eso sin contar con las apacibles vidas de moho y fermentos que debo erradicar del refrigerador (seiscientos ecosistemas nuevos e insospechados en el interior de mi refri que podrían desaparecer: espero que ni se entere ni tome cartas en el asunto Greenpeace), hasta que imagino a Miguel Bosé, tan divino él, haciéndose el canchero y seduciendo con "ese modo de andar y ese look chachachá" y Laura y Grissel derritiéndose de encantadas en sus butacas de seiscientos pesos cada uno, y el tal sujeto diciendo que "si tú no vuelves no quedarán más que desierto" y el par de locas gritándole que siempre volverán, que siempre siempre que él se los pida volverán, mientras yo saco bolsas y bolsas negras de hallazgos increíbles, y ahora nezezito una mejicana que zuba a bailar conmigo y ellas diciendo yo yo Bosé yo yo mientras yo sudo el bofe de sacar las telarañas de los rincones y quedo casi asfixiado del polvo que cubre las obras casi completas de don Octavio, y Bosé felicitándolas por esa noche mágica, y yo resoplando por esta noche fatídica, hasta que decido: y tanto por ese pinche mono, y tanto para que lleguen y bajen del limewire toda la trayectoria del susodicho, y amargo de las injusticias de la vida dejo el piso a medio fregar, los vasos a medio desinfectar, respeto las nuevas vidas que se gestan dentro de mi refri y busco tras la ropa sucia (siempre sé que está detrás de las ropa sucia) el dvd de las Japaneses Hottiest College Dirty Girls y espero paciente a Grissel y Laura mientras contemplo ese modo de andar, ese look chachachá, y esas cejas...

jueves, 17 de abril de 2008

Y ora explico por qué vi a Chucho Ramírez en un corto de cine (o el comentario sobre Control que ni cómo hacerlo)

Ya había pensado empezar el texto confesándome neófito en las artes de Ian Curtis y Joy Division/New Order y ya pensaba que en la exhibición de Control, la película de Anton Corbijn sobre la vida del vocalista de la banda, encontraría algunos devotos fans incondicionales hiperinformados y de conmovedora jactancia, pero pues no estamos en Londres y entonces era el grupo de siempre, los oficinistas de pinta, los estudiantes de la Voca que salieron temprano, algunas viejitas a las que su médico les recetó el cine como terapia ocupacional y dos ociosos que derraparon heroicamente en la sala para ver la película antes que desaparezca de la cartelera.
Después inició algo que tenía enormes y variadas expectativas: que si el sonido Manchester, que si los tormentos del artista, que si el nacimiento de una banda fundamental para el bla bla bla, que si al menos el chisme sabroso de la juerga rockera con su conveniente dosis de alcohol, drogas, mujeres, genialidad y gurús. Pero pues no. En realidad es un capitulote de Dawson's Creek que se hace el sobrio para no parecer capitulote de Dawson's Creek. Un muchacho epiléptico y depresivo se casa muy joven y después tiene una amante y después no se decide entre la esposa y la amante y después se muere. Y para rellenar, canta rolas de Joy Division. En un Manchester a propósito obrero y sin chiste (muchas paredes de ladrillo, mucha estética miserable cool a la Charles Dickens), como toda película inglesa de las clases bajas y medias que le hacen a la artisteada (Full Monty, Billy Elliot).
Después uno busca chismes en internet para saber mejor de qué se trata la cosa, y se entera que el director, Corbijn, se ha dedicado a hacer videos de rock (U2, Metallica, Red Hot Chili Peppers, Depeche Mode), y que el guión está basado en la biografía más bien amarillista de la esposa de Curtis, y pues es como el berrinche desmitificador de una esposa a la que su esposito genial hipertalentoso le puso el cuerno. Y es como si ahí se resolviera el enigma: esta biopic es un ajuste de cuentas conyugal que se cree de interés mundial por su contexto post-punk-british. O para decirlo en castellano: es la versión inglesa de esa obra maestra de Juanito Osorio sobre Niurka, Mi verdad. Eso sí, el soundtrack está de lujo: harto New Order y Joy Division, pero también Velvet Underground, The Killers, Iggy Pop, David Bowie y Sex Pistols, entre otros.
Al salir del cine encontré el cartel de próximo estreno de Factory Girl, una peli sobre la vida de Edie Sedgwick, una preciosa socialité que se convirtió en la primera superstar de Andy Warhol. La película nos llega atrasadísima (es de 2006) y no le ha ido nada bien (no le puede ir bien a ninguna película que tenga en su elenco a Hayden Christensen Skywalker), pero el personaje de Edie me encanta, entonces valdrá la pena husmear por ahí, aunque luego uno salga haciendo corajes. Como con la desangelada Control. La vida es dura.

miércoles, 16 de abril de 2008

Ya valió madres

...en los cortos del cine hay un comercial de Pronósticos Deportivos en el que YA sale Chucho Ramírez diciendo que México es un país de triunfadores. Eso por default garantiza el triunfo de China contra los ratones incompetentes. Y ojo que escribo una hora y media antes que inicie el bendito partido. Chale.