jueves, 15 de marzo de 2012

Esquema para un post que algún día escribiré sobre Luis Miguel

  • Iniciar que hace semanas hubo en tuiters un hashtag aguachentito celebrando los 30 años de carrera de Luis Miguel, que me di cuenta cuán hipster soy porque prácticamente nadie de mi TL lo usó, pero que la efeméride fue como una magdalena proustiana sabor grito destemplado de Malagueña Salerosa:
  • Después vendría ese párrafo insustancial pero evocativo que explica que todos en México, desde los nacidos en los setenta hacia delante, tenemos alguna relación con Luis Miguel.Odio y admiración, calzones de niñas mojaditos y desdenes de machos envidiosos, todos conocemos aunque sea la trivia básica de dos o tres de sus novias y por mucho que lo neguemos ciertas noche de briaga hemos cantado alguna de sus canciones.
  • Seguiría la descripción con risa loca de esos años pubertos en que Luismi usaba pantalones entubados ultragay muy Freddy Mercury, después el post debería amodorrarse en describir su evolución hasta llegar al personaje que es hoy, y que debe haber creado hacia finales de los ochenta e inicio de los noventa: el traje elegantísimo, los modales educados, contenidos, la sonrisa amplia, tan hueca como llena de esperanzas.
  • Para darle cierto gustito morboso, recordar aquellos rumores no confirmados y más bien diluidos (lo cual deben hacerlos enormemente ciertos) de la golpiza que mandó darle el presidente Salinas de Gortari porque se puso a galantear a su hijita, que supuestamente lo tuvo hospitalizado unas buenas semanas y que acaso sea lo que motivó su ostracismo posterior. No poner en el post (ni modo) otro bonito chisme: que en el Colegio de México está su biografía, la que escribió Claudia de Icaza, y que es de los libros que más sacan los colmequitas para hacerse los eclécticos.
  • Hasta acá empezaría la sustancia del post, pero acá también me trabaría porque qué chocante lanzar la pregunta tipo Historias Engarzadas: ¿Qué simboliza Luis Miguel? Desdeñar (¿o desarrollar?) la respuesta obvia: que es el crooner mexicano, el epígono mejor logrado en América Latina de Frank Sinatra, o Elvis Presley, o ya jodidos Julio Iglesias (y hasta hizo un videoclip donde parece su hijo no reconocido) (y aquí no viene al caso agregar que las alpargatas sin calcetines de Julio Iglesias siempre me han dado asquito). Insistir que ni la gran habilidad coreográfica de Ricky Martin o Chayanne, o la intuición animalesca de Sandro de América, cuantimenos los Jefes, pero siempre demasiado ñores, de José José, José Luis Rodríguez El Puma o el vanguardista de a mentiritas de Emmanuel, lograron reunir ese balance perfecto entre la elegancia, la gallardía, el virtuosismo vocal y su atractivo (dicen) superlativo (califican). 
  • Pasar rápido por su música pop, tan efectiva porque es justamente predecible y respetuosa del molde, como por sus boleros, asépticos y por eso tan recomendables para ambientar cualquier oficina. ¿Valdría la pena sugerir que la carrera de Luismi viene de la mano del desarrollo de la tecnocracia, más joven que los yuppies pero coetáneo de los panistas itameros, sonrisa de fluoruro trimestral, bronceado de weekends caribeños, cortes de pelo tan perfectos como la infalibilidad de sus valores y convicciones? ¿Y que de los distintos modelos-símbolos-estereotipos que se han seguido en México -Pedrito, tan campechano, Tin-Tán, tan gandalla; borrachín pero existencialista, el José Alfredo, borrachín pero sentimental, José José- Luis Miguel es quien más arriba deja la vara, porque los otros apelaban a la autocompasión, la bonhomía, la granujada, la mediocridad, el fatalismo, pero ninguno a la perfección por default?
  • Y sin embargo valdría hacer el contrapunto, resaltar que la apostura de Luis Miguel va acompañada de trágicos enigmas -el paradero de la madre, la ambigüedad de sus amoríos, lo reservado de sus aficiones (¿le gusta el futbol? ¿A qué equipo le va? ¿Qué música prefiere? ¿Tiene alguna opinión política? ¿Un grupo de rock favorito? ¿Algún escritor?)- que parecerían requisito para su éxito. Luis Miguel no participa de los programas de variedad habituales, solamente hace conferencia de prensa cuando saca un disco, y con preguntas debidamente tamizadas para evitar meterlo en aprietos; Y aquí  podría deslizarse la cizañosa cizaña: ¿y qué tal que más que enigma, lo que Luis Miguel cuida es una carcaza detrás de la cual no hay absolutamente nada? 
  • Y en este momento el post debería encarnizarse en la pobreza de personalidad que se esconde tras el fasto de personalidad que exhibe Luis Miguel. Hay que revisar en youtube sus entrevistas para reconocer a un interlocutor pobre, de frases acartonadas y poco inteligentes, sin mucha idea de un concepto musical (porque las trompetas de sus arreglos, estilo comercial de la Secretaría de Turismo de Guerrero, nomás no da para armar demasiadas ideas), cariños y bendiciones al público pero rara vez una reflexión que trascienda su compromiso de maniquí cantante. No importa, dirían sus fanses, canta como los dioses y puede hacer lo que sea porque finalmente es Luis Miguel. Puede sentarse cómodamente en sillones de ratán, cruzar la piernita con casimir de lo más cuco, eludir preguntas y escoger las que combinen con el diseño de su enigma, porque eso es Luis Miguel: como en pocos cantantes, en el se decanta al máximo el concepto de diseñar un artista. Es la perfección que conjunta músicos, compositores, cirujanos plásticos, dermatólogos, expertos en modas y en técnicas de bronceado, nutriólogos, estrategas de la comunicación, escenógrafos e ingenieros de sonido, moldeando y afinando con detalle un objeto hueco, sonriente, tan afinado como impersonal en su ejecución vocal, incapaz de tropezarse pero diestro en alzar la patita salvajemente (¡nomás no te me descoyuntes, Luis Miguel!) cuando cierra su show espectacular con No Culpes A La Noche Será Que No Me Amas. 
  • Y sin embargo, cuando está forzado a participar con un interlocutor más maleable, hagamos de cuenta Adal Ramones en entrevista que se quería chispa y quedó más bien sosa, Luis Miguel no sabe cómo hacer crecer los chistes que el otro siembra: mira nervioso al lado, seguro preguntándole a algún asistente cómo salir elegante del reto (tampoco sobresaliente) que le impone el entrevistador. Y se ríe exagerado, y juega la mano sobre la rodilla ansioso, no sabe cómo seguir siendo él ni cómo complacer la necesidad de humor del otro. Entonces describir cómo, cuando por fin recupera cierta calma, lo único que se alcanza a reconocer en su mirada es angustia. 
  • Y aquí creo que se desviaría el post a cosas que no tienen que ver pero me quedaría con la espinita de no mencionarlo: Luis Miguel como centro -o actualización- de esa figura reconocible en las clases altas: el lagartijo, el junior, el pirrurris, el niño Ibero, que no por nada se ha rebautizado como el Mirrey (de Luis Mirrey), con página que ha evolucionado de la burla al orgullo y vuelve (oh, los giritos posmodernos) jactancia lo que se quería mostrar como grotesco. Comentario que podría pasar por frívolo de no ser porque el candidato del PRI a la presidencia de México es justamente otro producto decantado del mirreyazgo. Si se quiere interpretar los errores personales, pero el éxito mercadotécnico que será Peña Nieto, deberá espejearse constantemente con el ídolo de Las Incondicionales (y ya sería rizar mucho el rizo hacer la equivalencia: entre aquella Incondicional que Luis Miguel "no supo amar no sé por qué" y la disculpa desdeñosa del candidato por "no ser la señora de la casa"). (ya luego aviéntate otro post: los electores de Peña Nieto como Las Incondicionales, las mismas de ayer, las que no esperan nada, etc.)
  • Más romántico evocativo -por ser lo más humano que he sabido del artista- alguna anécdota que ya no recuerdo dónde me contaron: que en las madrugadas, en el estacionamiento de un centro comercial de Acapulco, el divo le pedía permiso al vigilante para andar un rato en bicicleta. Llegaba de sudadera con capucha para no ser reconocido, por supuesto que el vigilante pronto se hizo cómplice y permitió que el otro diera vueltas, solo, entre los cajones vacíos de los autos.    
Y ya, por puro morbazo, terminaría con el que creo el producto más decantado (aunque es cierto, ya un poco cliché) del síndrome Luis Miguel:


Algo así sería el post. Un día me pondré.


6 comentarios:

Ana Escoto dijo...

Un meta post ¿entonces cómo hacemos el post?. Ese post me hubiera gustado

Borchácalas dijo...

Yo también agregaría, para alimentar la teoría de conspiración de Salinas, que después de la golpiza, cambió de estilo su música a covers de música vieja, rancheras y mariachi.

Lilián dijo...

Sólo tú ves tanta profundidad en Luis Miguel, pero al encontrarla de pronto se hace evidente, porque su figura acompaña todo un momento social. Nunca me había fijado mucho en eso, pero te digo, ahora es evidente. La figura misteriosa, la elegancia siempre y a toda costa, el buen gusto, el ferrererocherismo. Representa muchas cosas, incluso todas las ridículas que se le desprenden. Qué padre.

Jo dijo...

... en una de esas Luismi firma tu post con un "Gracias méxico" aunque l hayas escrito tu solo
je

ok... no...

dèbora hadaza dijo...

bueno...

pero mi favorito sigue siendo el de José José

MAAG dijo...

Suerte para la industria haber topado con Luis Miguel desde niño. Desde Negrete hasta José José no hubo manera de mantener el control por tanto tiempo del ídolo, ni de formarlo a sus imagenes y semejanzas.

Por otro lado, Luis Miguel no deja vara alguna: con treinta años le han fabricado una camisa de varas a la medida… tomando como base a aquellas que, ellos sí, desde Negrete hasta José José, pasando por la cumbre de Javier Solís, supieron levantar. El balance, pues, es más bien un promedio, uno atinado, si así se le quiere ver.