miércoles, 16 de diciembre de 2009

Mejor no abran la cuenta de Yahoo!

Ocurre que termino el texto muy tarde; lo mando, no quedo del todo a gusto, me acuerdo de algo parecido que escribí hace siglos, lástima no tenerlo a la mano, pero entonces caigo en la cuenta de que posiblemente esté en algún viejo correo. Gmail malacostumbró, una cuenta sin fondo y quedaron en el olvido -apenas para el spam- las cuentas de hotmail o yahoo. Y aquel texto estaba en uno de los correos de Yahoo. ¿Alguien recuerda aquella Ye púrpura tipo cartoon que en su tiempo le competía fuerte al venerable y persistente hotmail? Lo que yo quisiera recordar son las contraseñas; con el tiempo la memoria se ha vuelto comodina y con la misma palabra secreta (jua, La Palabra Secreta) accedo a las cuentas de ahora. Pero, ¿cómo rayos eran las palabras de aquellos tiempos? Y esos correos, ¿todavía servirán?
Tampoco es que sea tan original. Las contraseñas son los nombres, ligeramente trastocados, de las muchachas que me enamoraban en esos momentos. Y recordarlas en contraseñas también es recordar -juro que muy, muy brevemente- a qué olían y cómo se sentían las temperaturas de sus cuerpos. No más poesía. Bingo, el correo se abre. Y Bingo, los buzones de entrada están atestados de basura varia, que fueron inscripciones de boletines, grupos, foros, servicios de celestinaje y contactos sexosos que en aquellos tiempos tuvieron razón de ser. En algún post diurno, en el que me salgan esos aires de sociólogo de banqueta, podría atreverme a especulaciones ociosas sobre los usos y costumbres del internet hace diez años, contra los de hoy. Ahora, la madrugada es demasiado densa como para fingirme inteligente, apenas logro concentrarme en contemplar esas cuentas que suscribí y después no quise o supe o pude mantener.
Cinco o seis grupos de literatura, el boletín del Cervantes Virtual, otro de cine latinoamericano, el portal donde nunca aceptaron mis cuentos, la terca suscripción a las novedades de todotango.com, ¿una página religiosa?, y novedades musicales que nunca revisé . Más de diez mil correos que conforman al que nunca fui. Porque tampoco intenté ganar el millón de dólares, ni agrandar mi pene de forma fácil y segura, ni conocer impresionantes rusas con ganas de emigrar a mi colchón. Y entre tanto spam y suscripciones inservibles se cuelan dos o tres correos de personas que sí escribieron con un propósito neto, que por cualquier motivo no trascendieron a las cuentas de ahora y que dejaron saludos, invitaciones, chistes, comentarios, desperdigados entre ofertas de trabajos increíbles y catálogos de ligues en mejoramor.com.
Inevitable angustiarse: ¿y si haber contestado alguno de esos correos hubiera significado alguna vida diferente a la de hoy? Inevitable amargarse: porque la triste vida de hoy... pero eso tampoco es del todo cierto, (aquí viene la resignación optimista), bien que mal nunca han faltado las películas, los libros, las calles que se caminan tercamente, las cervezas en grupo y en solitario, los dos o cinco o diez amigos con quienes se vocifera la sandez de moda. Además, en ese millón de vidas posibles, siempre termino llegando a esta noche, revisando correos e imaginando las otras elecciones, incluida la que elegí. Cuánta arrogancia, pensar que todo se ha elegido. Aunque también, cuánta evasión, suponer que todo ha sido producto del azar. Entre uno y otro debe ubicarse esa zona oscura que llega hasta esta madrugada y esta revisión ociosa de los correos que no fui.
El merodeo en retrospectiva termina con los correos más antiguos, los que hacían de esa cuenta un cuaderno reluciente, de primer día en la escuela, cuando se creía que uno aprendería cosas útiles, cuando se mandaba un mensaje al amiguito que te felicitaba por haber empezado tu vida en los internes. Después, la pornografía online lo arruinó todo. Aquí era donde debía entraba aquello de Paz (La memoria es teatro del espíritu / pero afuera ya hay sol: resurrecciones, / En mí me planto, habito mi presente), pero a quién rayos se le antoja abrigarse con consignas a las cinco de la madrugada ---que aparte, y sícierto, las consignas se gastan si se usan sin convicción. Mejor idea, cerrar esas cuentas con el mismo temor primigenio que se tapia a los muertos. Acepto que antes me reenvío a la cuenta actual dos que tres cosas que me frustraría perder. Y tuiteo, como para dejármelo claro (¿el tuiter también es confesionario?): Conservar pocas cosas del pasado. Pero conservarlas bien.

8 comentarios:

La Crónica dijo...

El tuiter ES confesionario mi querido Rufián.

Yo voy por la corriente de la arrogancia, y creo firmemente que lo elegimos todo, TODO, nomás que de vez en cuando es rico hacerse pend... porque ay! ha escogido uno cada cosa.

Iba a ponerte algo sobre el pasado pero acaba de llegar la mas perturbadora y neurótica de las esposas de los directivos y me cortó la inspiración. Miedo!

Un beso

Aquiles Digo, antes Jordy dijo...

¿Juguete del destino o arquitecto de la propia vida?

Difícil saberlo con certeza.

A diferencia de "La Crónica" no creo que nosotros elijamos TODO. Al contrario: pienso que la mayor parte del tiempo nuestra vida es un flujo constante de circunstancias ajenas a nuestras decisiones. Sin embargo, es obvio que en cada nueva circunstancia -casi cada minuto- tenemos la posibilidad de elegir (o por lo menos intentar) cambiar algo.

Y lo sé, aunque todo mundo diga "no tiene caso ponerse a pensar en lo que no fue, en lo que no será, en lo que no tuviste con, en lo que dejaste pasar", etc., hay ocasiones en las cuales es imposible dejar de hacerlo. Si se está en el mood preciso, una imagen, una palabra, un recuerdo, una sensación, pueden detonar miles y miles de preguntas, cavilaciones e incertidumbres, pero también desembocar en replanteamientos, conclusiones y nuevas decisiones.

En fin, a pesar de que algunos lo tilden como mero ocio mental, la seducción que entraña pensarnos en otras historias nunca estará de más. O quizá sí. No lo sé.

Un abrazo, don.
Y gracias.

Fire_tony dijo...

Yo por eso no tengo correos de yahoo, son feos y ahí se quedan los sueños atorados.

Jolie dijo...

y es ahi cuando si hurgo entre mis correos de antaño recuperando las contraseñas o nombres o preguntas secretas
diria...

que haria yo sin tu punto com...

Darinka Rodríguez dijo...

Y así es cómo, señores y señoras, de un tema en apariencia banal, salen las opiniones más profundas de nuestro Rufián.

De las conversaciones que no tuvimos, las escaleras que no subimos por empecinarnos al ascensor, de los besos atorados en las solapas, de las bebidas que tomamos sin hielo...

Somos la decisión más superflua, la más fatua... somos lo advenedizo y lo persistente.

Yo tengo una cuenta de Yahoo... y cada que quiero acordarme de cómo era, me doy cuenta que tengo muchos correos sin abrir...

dèbora hadaza dijo...

recuperar correos, reabrir viejos, cambiar de cuenta porque ya no soportas ni tanta información, ni tanto silencio importante...

nuestra vida actual se puede seguir por los correos que hemos dejado de usar y por aquellos a los que nos aferramos. una larga e intermitente historia virtual.

saludos y bien por haber querido decidir sobre tu destino, al final quien sabe que paso, si el destino o el libre albedrio.

Anónimo dijo...

Órale cabrón, escribe algo nuevo que me agrada cómo lo haces.

Sibila_S dijo...

Punzante esa frase final.

Me gusta mucho el post a partir de "inevitable angustiarse"... y comparto aquellas reflexiones en donde se pregunta si alguno de esos correos (o miradas, o teléfonos anotados en un papel, podría añadir yo)llevarían al que, en este momento, ES, y a la vida que ahora tiene.

A veces pienso que uno es como una bola de billar con una trayectoria que cambia cada que otra bola de billar la golpea, aunque sea de manera imperceptible. Porque las personas con las que nos encontramos nos afectan, cambian o desvian nuestro curso (si es que tenemos o teníamos uno).

Y lo cierto es que no podemos estar en dos lugares al mismo tiempo y tener todos los presentes posibles gracias a los pasados variables.

No...no temos todas esas historias.

Pero puedo sospechar que, un poco por eso, existe también la literatura.

Saludos.