viernes, 7 de agosto de 2009

One Million Died to Make This Sound



Ya, viejo, ya no estamos en edad de soñar sueños de niños, ni, acaso, nuestro estado civil
es ya el más propio para esto de andarnos con Jesús por los rincones, y contándonoslo.
Efrén Hernández. "Sobre causas de títeres"

Nomás no se me ofenda, compadre, pero le comento: no hacían falta tantas palabras encima del sonido para explicar de qué va una canción. Sobre todo en esta madrugada tan llena de entendimiento no conversado, con Lilians concentrada en algo tortuoso que no desea revelar, con Olga convaleciendo del cruce entre la mota y la chela, que quiere decir convalecer del cruce entre preguntarse quién es ella y quién querría ser, con dos o tres fantasmas más, mezquinando el penúltimo cigarro y exprimiendo gotas de cerveza de las botellas; cuando todo es tan claro y preciso, como en este momento, de verdad no hace falta explicar tanto.
Hubiera bastado decir Escucha Esto, play al ipod y confiar. El título ayuda: One Million Died to Make This Sound. Estuvo de más glosar que se trata de un homenaje a todos los rockeros o instrumentistas, o virtuosos malogrados o mediocres con esperanzas, que se han ido a la mierda para que el sonido adquiera entraña y ayude a agonizar. No limite la desolación a los músicos, compadre, que la música también la hacen la gente que la escucha y la reconstruye con sus azoros individuales.
Usted habla, compadre, y yo pienso en otros tiempos en que otros me inculcaron sus hallazgos. Pienso en Edgar, quien juró que cuando entraba el requinto de David Gilmour sobre la base añeja de Wish you were here, era como si te inyectaran en las venas una dosis letal de añoranza que se quedaría en el cuerpo de una vez y para siempre; o pensaba en la arrogancia vital de Martín, no diré nada, dijo, puso el disco y barruntó la guitarra de The Edge como nunca se había escuchado antes: es Zoo Station, baby; bienvenido a los noventa, baby; y devotos oímos la voz de megáfono de Bono, ready for the laughing gas, y eso queríamos de grito de batalla para -quién iba a decírnoslo- una guerra timorata y llorona (¿o de qué otro modo describir a los noventa?); también pensé en Ana Paula, ambos en su cama y su grabadora de sonido opaco y así eran más tristes Nito Mestre y Charly García; escuchá: unos pibes se quieren pero no pueden reunirse, y ahora imagina, los milicos los separan pero ellos saben que siempre estarán juntos, y Rasguña las piedras era amorosa pero también tenía rabia, si mirás La noche de los lápices sentís la vergüenza de darte cuenta cómo fueron las cosas.
Cómo le explico, compadre, que ellos sólo dijeron eso y después me sumieron en sus canciones que también eran sus pensamientos, que no necesité que argumentaran acorde tras acorde, como ahora usté que me hace notar los violines torturados, los chelos obligados a la estridencia amarga, la voz horrenda de Efrim Menuck, "la voz más horrenda que jamás hayas escuchado", la intención de degradar el sonido porque así se ilustra mejor a los músicos muertos, y la peda era tanta que yo lo extendía: porque quienes ahora escuchan también han muerto, ¿por qué no me deja escuchar y entenderlo? Porque entonces miré a Lilians, tan ensimismadamente muerta; y Olga y su palidez enferma, que era lo que seguía de estar muerta; pero además retrocedí a los otros escuchas, a mi vida al lado de esos escuchas, ¿me concentro en los coros o en la soledad en que me han dejado los muertos? Porque Edgar atiende una tienda y cuando tiene tiempo libre revisa ansioso la música que creó a medias, porque Martín hace castings galantes y revisa las cualidades histriónicas de un par de tetas, porque Paula cuida a los nenes, y tan dura y clara que sabe ser Paula: dejá de joder con los recuerdos, conseguite una mina que ordene tu casa que de seguro es un quilombo, de esto va la vida y qué se le va a hacer; ¿cuál vida, valdría preguntarse?
Y es que entre la cháchara que está soltando, compadre, y lo que veo tan tirado en el departamento, y lo que pienso tan abandonado en la memoria, resuelvo que usté ha querido compartirme esta rola machacona y desgarbada para hacerme entender que ha terminado Mi Tiempo; tal vez entonces me queda claro por qué usté no se permite el silencio, por qué me ayuda a no enfrentarme a la intemperie del sonido; usté habla y habla para no dejarme entender que esta rola es una elegía en la que yo soy el verdadero muerto. Cadáver lleno de canciones, de personas que me hacían escuchar sus canciones, de espíritus difuminados que sólo han dejado lo contundente de su ausencia, mientras los otros fantasmas, los del presente, apenas y hacen caso de mis exequias, tan concentrados están cada uno en vigilar sus propias muertes.
Entonces reculo: mejor hable, sí, siga hablando, compadre, que las palabras sobre las palabras también esconden, evaden, disuelven el asombro de enfrentar la muerte. De millones de palabras muertas también se hace el sonido. El que se escucha hacia adentro, angustiado, cuando se sabe que ya ha corrido demasiada agua bajo el puente y uno nunca aprendió a refrescarse en ella.

PD: La rola es de A Silver Mount Zion.

7 comentarios:

Kyuuketsuki dijo...

"Un millón murieron para hacer este sonido". Quizá sean más.

De alguna manera, todos en las pedas, después de un rato, somos una especie de zombies. Si se nos deja marinar un rato, nos perdemos en cavilaciones que suelen ser mucho mas profundas de lo que aparentan.

Concuerdo que a veces, las palabras, más que para exponer, sirven para ocultar.

Jolie dijo...

La edad no importa mientras no se me note, decía una amiga. Cuando ya no estas dispuesto a formarte para entrar a un bar, ese día dejaste de ser joven; cuando prefieres quedarte en el área del restaurante en vez de subir al bar, ese día pasaste a ser don o doña.

será que ya no estamos en edad de soñar?

yo no cuento mi estado civil.. total... luego hay ahi los viejitos buscones que como titeres la quieren a uno .. pero apadrinar ja

Jolie dijo...

hip.. es viernes

dèbora hadaza dijo...

De millones de palabras muertas también se hace el sonido.

esta es la mejor de todas crisantemos y (no recuerdo el otro nombre de las típicas flores de muerto mexicanas) que pusiste en tu panteón particular.

La música esta muerta, y eso se patenta una vez que se toca, y pensaba esto después de escuchar esta semana las varias versiones de David Bowie de "the men who sold the world" y la patética versión de Nirvana. Pensaba esto al ver que la música contemporánea "de arte" está muerta antes de nacer porque casi nadie la escucha y casi nadie cuando la escucha la vive. Pensaba esto al leerte, al leer como te lees.

Pero tu frase rufian que buena frase es.

Defeña salerosa dijo...

Insisto. ¿Qué seríamos sin la música?. Déjame quedarme y clavarme y martirazarme con cada acorde. Déjame sólo escuchar, que yo adentro traigo mil palabras que no puedo ni explicar. Quédate callado.

Rafael Merino Isunza dijo...

Fue toda una experiencia, no sé precisar cuál, leer el post con el soundtrack de fondo. El ritmo del texto va en olas y se regodea en la repetición de la pieza. Es un texto oscuro de tan lúcido...

Essex dijo...

Y si, razón no le falta:
la irreverencia que le impregna sophie trudeau en sus violines o efrim en su horrible voz o los acordes violentos sobre instrumentos tan frágiles se sobreentienden, y, a decir verdad, es todo lo que noto en medio de la estridencia del ruido de ASMZ. Pero andaba pedo.

Me gusto la interpretación; como escuchas, también formamos la rola en turno con nuestros recuerdos.

Y como escuchas también, nomas se nos acabara nuestro tiempo cuando dejemos de sorprendernos o dejarnos sorprender por sonidos nuevos, entonces no solo estaremos muertos, estaremos jodidos.


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Menos mal que escribimos el nombre de la rola y el grupo, no?
(Gerardo juraba que nomas me daba el avión)


Dígame que no confundí las peras con las manzanas del post.