martes, 25 de marzo de 2008

Impuestos

Parte de la rabia de pagar impuestos está en que nunca los imagino usados en lo que nos enseñan los comerciales de los gobiernos. Nunca pienso que sirven para mejorar la red carretera, o subsidiar el seguro social de algún famélico obrero, o llenar de relucientes pupitres la escuelita rural situada en lo alto de una colina verde y soleada.
Como si fuera el sobre con el premio de Willy Wonka, imagino cómo el dinero que me arranca Hacienda (y pienso en específico en mis billetes y mis monedas, las mismas que yo le entrego de mala gana al cajero del banco) viaja por un banda elástica, pasa de despacho en despacho, de cuenta en cuenta, de oficina en oficina, hasta llegar a las carteras de los funcionarios públicos que más me repugnan, y que les ayudan a saciar sus caprichos más indignos.
De esta manera, con mis impuestos la mujer de Zedillo se curó las hemorroides, Vicente Fox adquirió la bombita para curar la impotencia que anunciaba Andrés García (y no le sirvió maldita la cosa), el Jefe Diego estrenó un kit de sirvienta con ligueros para impresionar a aquella novia a la que le hizo la carretera del amor, Elba Esther se hizo un restirón más en su rostro macabro y Josefina Vázquez Mota pagó un tallercito de redacción para escribir la segunda parte de esa cosa de "hazme viuda por favor".
Ahora, con el gobierno actual, mi bilis se acrecienta al imaginar que de mi dinero (mis billetes y mis monedas) se paga las indigestiones, las diarreas y el control de la diabetes de Cartens, la limpieza del inodoro donde Calderón vomita su alcoholismo crónico y los chichifos que Mouriño contrata para divertirse cuando no sale en la revista Quien, o cuando no tiene que entrarle a la real politik de los contratos de Pemex tan cándidamente firmados. Ahora que se apareció el nuevo despellejamiento vía IETU, mi rencor se ha obsesionado con las tiendas de sex shop donde Calderón y Mouriño deben comprar sus juguetes eróticos para pasarla bomba. Miro dildos, aceites, disfraces fetiches, chocolates de broma, esposas de peluche, látigos y capuchas de cuero, e imagino qué elegirán, con qué baby doll se sentirá más ardiente el preciso de a de veras, qué tipo de medias favorecerán más a las piernas del niño Mouriño, con qué brazaletes de velcro se les antojará invitar a Peña Nieto y a Beltrones a jugar. Y veo mi dinero pagando alguno de todos estos artilugios, y a la tropa de locas preparando entusiasmados su convite, y la gran noche a costillas mías, y brindis lascivos, y fantochadas carnavalescas, y todos bailando I will survive con emoción concentrada, y esferas de espejos dando look travoltiano al salón principal de Los Pinos, y charolas de canapés y botellas de vino derramadas a todo lo largo del espacio. Pero entonces pienso las cosas al revés, que si un grupo de buenos amigos quisieran hacer lo mismo, y que si de mí dependiera financiarles una noche excesiva, lo haría encantado de la vida. Y entonces me entra la culpa: ¿por qué podrían hacerlo unos amigos y estos sujetos no? ¿Qué, no todo mundo tiene derecho a reventarse un poco? Capaz y hasta un poco de desfiguros sabatinos ayude a que estén más relajados para seguir administrando este rancho. Luego entonces, mis impuestos podrían servir como fuga para que estos sujetos no se endurezcan y nos lleven al caño, como tanto he temido. Entonces abandono el sex shop con un amargo consuelo: mis impuestos no hacen escuelas o carreteras, pero usados con fines de esparcimiento, pueden estar cooperando a contener un poco las infamias del gobierno. Flaco consuelo, pero puede ser.

3 comentarios:

Emilio dijo...

Quizas ya lo hayas leído pero hay un articulín de Guillermo Sheridan muy rabioso y divertido que trata el mismo tema, "Patrimonios priístas", de su libro 'Lugar a dudas'.
Transcribo un parrafito:
"El general Durazo manda construir una réplica del partenón en el Ajusco; pone una fuente en la entrada, cuadros de Leonardo Nierman en las paredes, un gazné en su cuello, un jaibol en su gaznate, un disco de El Puma en su tocadiscos y las nalgas frente al chorro de un jacuzzi. ¡Quince millones de capitalinos maltratados para que un Jefe de la policía ponga sus nalgas en un jacuzzi!
y así se sigue con Hank, Raúl Salinas, etc.
saludos

Lear dijo...

Me perturba mucho menos el asunto de no saber que existía el Rufian que el hecho de que quien lo encarna haya decidido salir del pseudónimo..., seguiré pensando, o no.

Cynthia Ramírez dijo...

Un extraño incentivo para pagar impuestos: "estar cooperando a contener un poco las infamias del gobierno" Pero las imagenes son brutales!! jamás podré volver a pagar mis impuestos sin sentir un poco de nausea.