miércoles 11 de noviembre de 2009

Chillen, putas

Acepto que me preocupa el lenguaje, pero no de la forma que le preocupa a un becario del Fonca o a un asustadizo cazador de bisuterías filológicas. Lo prefiero como el que describe Paz, el de "chillen, putas", porque así como toda mujer memorable debe tener algo de puta, todo lenguaje que sobreviva a su homenaje debe aspirar a cierto envilecimiento y, en consecuencia, a su robustez. Cuando Jorge Volpi y Mario Bellatin critican los argots localistas y aspiran a la eficiencia de un "lenguaje más compacto" los pienso como niños enfermos a los que uno debe tratar con guantes de látex y sin hacerles mucho ruido; lenguaje tan conciso como frágil, tan adecuado como quebradizo, que incluso cuando veo sus libros siento que debo abrirlos con cuidado, y entonces no me los puedo llevar a la playa o al metro, los leo sentado muy derecho y sin que se me note la papada, paladeo las oraciones como dieta macrobiótica, de excelentes nutrientes aunque de pronto un poco faltos de pimienta.
Ni modo, soy glotón vulgar, de fabadas espesas y carnes rojas, de mamarnos tres tellas de vino y no una copita de champaña ultrarefinada porque la lana no dio para más. A lo mejor por eso mi gusto anticuado del libro espeso y la parrafada ociosa; cuando enfrento un microcuento sufro lo indecible, tengo claro que mi inteligencia debe aguzarse con los tres renglones expuestos y cuando no ocurre quisiera armar cubos de rubick a ver si así consigo subir mi IQ. Nunca le hallé el chiste al dinosaurio dormido de Monterroso y en general nunca supe hincarme ante las Perfectas Microficciones de Monterroso; cuando los demás casi lloran yo sonrío educado y más bien me urge perderme en un bosque espeso sin genialidades de *chispazos literarios* que me aturdan.
Fanfarroneo que el lenguaje sólo es vehículo para contar historias, pero más honestos, el vehículo adquiere sentido si imaginamos una carreta, un vocho, un ferrari o un patín del diablo. La sensatez dictaría -simplonada de quien quiere llegar lo más rápido posible- que el lenguaje pulcro, eficiente, es el mejor para la ruta; pero cuando uno tiene esa necedad de pueblear sin desespero puede darse el lujo de cinco páginas que no cuenten gran cosa pero que en su transcurso sepan embaucar. No todos los caminos deben recorrerse velozmente. No todas las lecturas deben ser ágiles y concisas. Y más aún: una lectura que a güevo quiere ser ágil, que no enfada, que se desliza ultrasónica en pos de su final, es como un fast food que se hace el elegante pero tarde o temprano muestra el cobre -¿Italianni's, por ejemplo?-, y se sale con rostro mecánico y comentario cliché: "¿Estuvo bueno?", "Sí, si estuvo bueno", sin siquiera un poco de disgusto o miedo por la posible indigestión.
La nefasta consecuencia: me desesperan las páginas web de buena literatura novel, las campañas puristas de ultracorrección que se arrogan en mi pureza contra tu vulgaridad, las invitaciones a la lectura sana que ofrece libros como si fueran all brans que te ayudan a cagar mejor. Si de procrastinar se trata, corro a las páginas de relatos porno, a los blogs de slangs intraducibles, al mETroFlOG dE TiPPoGraFIaZZZ dEZespeRANteZZZ y al hi5.com que por más salvaje y guarro es más noble también. Prefiero creer que el lenguaje es todo y no solamente el Buen Lenguaje; ya neceé antes que el lenguaje se recrea más desde su error que desde su pertinencia, aunque entonces asumo que un uso del lenguaje erróneo a güevo también sería tan artificioso como el del escritor de forzada prolijidad.
Ni modo, parece que no queda sino resignarse a la apretada celda de Gracián: "Lo bueno, si breve, dos veces bueno", pero chance y por eso da consuelo tropezar con insolencias como las que fragua N. cuando instaura su catastroformismo, que busca (y busco mis lentes de dos dioptrías de corrector apesadumbrado y cito):

recalcar lo inexacto

lo efimero

de tegil

o de lidniok

crear significados

a través de la confusión

Intentos como éste no inventan el hilo negro pero sí le ponen más anilina y si el artificio violenta a alguien, entonces ya valió la provocación. ¿Que las vanguardias están trasnochadas? Pero el trasnoche es la mejor parte de la fiesta, cuando el lenguaje preocupa pero no se le consiente, cuando se puede merodear sin venerarlo, y no estoy seguro que desde ahí se consigan becas, pero más importante, ensamblando piezas catastroformistas se pueblea por aldeas, no sé qué tan literarias, pero seguro más sugestivas por lo personales.
Mientras la catástrofe termina de ocurrir, a comer gomitas y a imaginar que puede haber otra forma de acercarse al lenguaje. Por lo menos, que chille. Como puta.

11 comentarios:

dèbora hadaza dijo...

Por este tipo de posts es que regreso, y regreso y regreso y vuelvo a regresar, a pesar de que eso último sea una barbaridad.

y si, las vanguardías estan trasnochadas, y si, lo más rico de la fiesta es el trasnoche, cuando ya no se sabe que se festeja, cuando ya no importa, cuando sólo se está ahi por resistencia y por necedad.

Lear dijo...

Sí, estamos jodidos. Escritores hablando de la eficiencia del lenguaje como si hablaran de los estados financieros de una ferretería.

fonema dijo...

Yo creo que estos individuos no andan nada perdidos: buscan imitar el lenguaje de las generaciones actuales, cada vez más pragmático y breve. No lo hacen por empatía, sino por no perder clientela. Pero creo que sí hay diferencias entre Monterroso y la pretendida economía lingüísitica, y eso dependerá de su cualidad, no de su cantidad.

Emilio dijo...

A Bellatin no lo he leido; a Volpi si, pero no es santo de mi devocion. Pero creo que si fuera Coetzee quien hablara de eficiencia y Fuentes quien defendiera las parrafadas ociosas y desbordantes opinarias algo disinto.
Saludos!

Cynthia Ramírez dijo...

1) "Porque así como toda mujer memorable debe tener algo de puta" Que frase tan innecesaria. La tentación era grande, no la resististe (Ni yo al comentar con este numeral)

2) El lenguaje está ahí, siempre es maleable, cambia, muta. Por eso hay para todos para los puristas, los soberbios y los glotones. Si no nos gusta el lenguaje a la plancha sin calorías no vayamos a los restaurantes que lo sirven!

N. dijo...

Yo estoy bastante segura de que desde ahí es muy improbable conseguir becas.

Muchas gracias por lo que dices del catastroformismo.

Como dice Lear, ¡qué jodido! "Hablar del lenguaje como si fuera un estado" (magnífica frase).

Ademas, ¿no es divertido darle madrazos? Digo, lleva toda la vida dándonos madrazos, unos de regreso...

Un abrazo, =)

Israel V.R. dijo...

Que bien escribes, aunque disertas mejor.

El lenguaje és, su pureza o desviación también és, cualquier pero que le pongamos es un obstáculo a la comunicación, ¿a quién? Quién sabe.

el anónimo que caza bisuterías filológicas dijo...

Pues... a mí me sigue gustando más el lenguaje pulcro y eficiente de Bo[rges], que la facundia del tal Bo[laño].

Alfonso dijo...

Toda mujer memorable tiene algo de puta y toda época es digna de olvido, por eso los idiomas caducan con su historia, compactar el lenguaje como quien extiende un mantel e invita a todos a comer como si compartieran también apetito y costumbres, ni modos, es la globalización, supongo.

Kyuuketsuki dijo...

A huevo. El lenguaje no es impoluto ni debe serlo, es una expresión voluntaria. Que debe de darse como a uno se le pegue la gana. Una persona que no usa nunca groserías me da la impresión de ser frígida. Ni pedo.

BLANCO dijo...

Borges y Bolaño, y el Rufián y yo mismo. Saludos.